Lección del día: aceptar

Lección del día: aceptar

Conversaba con una amiga sobre su pareja y me decía: «Quiero que él cambie, que mejore su manera de ser, que sea más amable». Creo que le faltó decir: «que se parezca más a mi…»

Y es cierto, mi amiga es amable y correcta, según sus principios, en su manera de vivir. Pero creo que desearle bienestar a otra persona se contradice con la idea de corregirlo.

Le dije a mi amiga: «Si quieres ayudarlo, no le des consejos. Más bien, ámalo y respétalo como es. Eso lo hará una persona más completa, porque tu amor lo engrandecerá. Cuando se sienta más querido, seguro podrá ser más amable contigo».

Muchas veces quedamos atrapados en la idea de que un acto de amor consiste en enseñarles a los demás lo que deben hacer, cómo deben mirar la vida y sus problemas.

«Es que lo quiero tanto, que quisiera verlo bien», me había dicho ella. «Y, justamente, –le recordé- estás haciendo todo lo posible para que no sea así».

Escribamos esta palabra en nuestra agenda, la puerta del refrigerador, la mesa de noche, guardemos una nota en la billetera y escribámosla donde sea que haya un espacio vacío: ACEPTAR.

A C E P T A R

Aceptar, aceptar, aceptar…

La aceptación activa el amor y el amor transforma.

Cuando algo o alguien no nos guste y nos tentemos a cambiarlo, dejemos que el amor haga ese trabajo.

Aceptemos, aceptemos y volvamos a aceptar. Hasta que veamos el milagro del amor que nació de nuestro deseo de aceptar las cosas o las personas tal como son. O, mejor dicho, de nuestra renuncia a tener razón.

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