Lecciones de vida

Hoy tuve una dosis de Inspirulina y quise compartir esto con toda la comunidad.

Debo confesar que de estudiante siempre fui de esas que se limitaban a mantener una relación estrictamente académica con los profesores. ¿Preguntar cuando tenía una duda durante un examen? Jamás.

No culpo a ninguno de mis docentes de la universidad si no se acuerdan de mí, porque me esforzaba por no figurar mucho para que mi apellido no quedara grabado en sus memorias. Resaltar en clases para mí era sinónimo de ser la candidata perfecta para pasar al pizarrón o de responder interrogantes a veces rebuscadas por los educadores para poner en duda nuestro capacidad de razonamiento como aprendices. Pero algo sí les aseguro, me acuerdo de todos y cada uno de mis maestros.

Lo que nunca pensé es que con el pasar de los años desarrollaría una increíble y mágica amistad con una de mis “profes”. Llegó a mi vida a darme luz, y por supuesto, continúa enseñándome, pero en esta oportunidad, me guía hacia el vivir mejor.

Se preguntarán ¿cómo es eso de vivir mejor? Es que la mayoría de las veces, nosotros mismos nos empeñamos en buscarle las cinco patas al gato a nuestra realidad, que no es mejor ni peor, simplemente es. Entonces, esto de lo que te hablo y que me ha enseñado Carolina (porque ella tiene nombre) es simplemente liberarte de los tapujos y de las falsas creencias que te mantienen encasillado en un lugar que crees seguro, pero que en realidad te deja [email protected] para tomar cualquier tipo de decisión.

Es cambiar tu frecuencia mental de lo negativo a lo positivo y hacer conciencia de que cuando estás en ese estado, todo cambia. Es como renovar la fórmula de los cristales de tus anteojos vencidos. Tu realidad vista con otra perspectiva, de seguro no será tan mala, o a lo mejor, necesita de un poco de optimismo, organización y ya está.

Sobre Carolina y yo, déjenme contarles que después de mucho teclear, porque nos conseguimos gracias a las redes sociales, fijamos un encuentro para tomarnos una taza de chocolate (resulta que vivimos en ciudades diferentes, pero dentro del mismo Estado). Fueron dos horas de hablar y hablar. El tiempo se nos hizo nada. Después de despedirnos quedé renovada y llena de una energía tan positiva, que llevaba una sonrisa tonta en mi rostro. Ella sigue siendo mi profesora, pero ahora, es también mi amiga, y esta se ha transformado para mí, en una gran lección de vida.



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