Les presentamos a la loca de la azotea

Una de las primeras acciones que debemos emprender en el camino de activar el cambio en nuestras vidas es la de comprender que nuestra mente, aún cuando es imprescindible para nuestra vida diaria, no es el centro de todo y no siempre tiene la razón. Una vez que comprendamos eso, estará abierto el camino para que se opere la activación que les propongo.

Una imagen que me gusta mucho utilizar es la de «la loca de la azotea», quien tiene una importante misión: la de mostrarme, no quién soy, sino quién no soy. Planteándolo así, mucha gente piensa que cuando hablo de la loca de la azotea estoy hablando de una persona gritona y rebelde, que siempre se sale con la suya, que se muestra imponente y dominante, que es capaz de mentir y engañar. En pocas palabras, que se trata de nuestra enemiga. Pero esa sería una manera muy limitada de verla. La loca de la azotea también puede ser vista como una amiga que nos ama, siempre busca protegernos y cuidarnos y tiene una respuesta para todo.

La loca de la azotea no es ni la muchachita buena ni la bruja malvada del cuento. Es simplemente una voz que escuchamos muchas veces, que reacciona ante las situaciones de una determinada manera y que, si no estamos atentos a lo que nos dice, en ocasiones puede lograr confundirnos.

La loca de la azotea es un personaje con el que seguramente usted se sentirá identificado mientras lee, porque todos tenemos una loca en nuestra azotea. Usted puede llamar a su loca de la azotea como prefiera. Y si no le gusta una loca, puede escoger un loco de la azotea también. No hay ningún problema. Para ayudarle a identificar a su loca, voy a comenzar hablándole de la mía.

María Cristina me quiere gobernar

En mi caso particular, mi loca de la azotea tiene nombre. La llamo María Cristina, como la de aquella canción en la que un hombre se queja de que «María Cristina me quiere gobernar, y yo le sigo y le sigo la corriente…», y me recuerda a una amiga de mi niñez y a muchas de esas mujeres de mi familia que me cuidaron con devoción. María Cristina puede ser en ocasiones sobreprotectora, puede hacer de todo para ocultar aquellas historias familiares que nadie quiere que se conozcan y busca todo el tiempo reforzar mi autoestima.

Para mostrarles cómo actúa la loca de la azotea, les voy a contar cómo opera María Cristina en mi caso particular. María Cristina nació conmigo y desde entonces estuvo alerta, siempre en estado de plena atención, tomando nota de todo. María Cristina es como yo: utiliza todos mis sentidos y aprovecha cada oportunidad que se le presenta para cumplir con su responsabilidad de mostrarme lo que no soy.

Con el tiempo y las experiencias he aprendido que María Cristina es mutable. Va adoptando una actitud distinta según la situación por la que yo esté pasando. Entonces, puede ser miedosa o atrevida, alegre o histérica, ortodoxa o rebelde, infantil o madura, irrespetuosa o humilde. Lo cierto es que, teniendo conciencia de que María Cristina existe, he aprendido algo de ella. Lo que manifiesta no es exactamente lo que quiere que yo active en mí, sino todo lo contrario: por ejemplo, cuando María Cristina se asusta, he comprendido que lo que me está diciendo es que no hay razón para tener miedo. Si me tortura diciéndome que no soy capaz de algo, lo que me está queriendo decir es que la desafíe y le muestre que sí puedo hacerlo. Y así.

loca-azoteaEn ocasiones, María Cristina puede ser tan severa que llega hasta a derrumbarme si se lo propone. Para esto María Cristina se vale de armas como la falta de energía, las enfermedades, el desgano, la ansiedad, el estrés, el miedo y, por supuesto, una gran incertidumbre.

A María Cristina le encanta hablar. Habla todo el tiempo, y muchas veces lo hace como una viejita. Le gustan mucho los dichos populares. Más de una vez me ha dicho «por lo menos tienes salud», o «estamos pasando el chaparrón»; en más de una ocasión la he oído murmurar «chivo que se devuelve, se desnuca» o «los porfiados no tienen garantía» y hasta ha tenido el atrevimiento de decirme «te lo dije», que es una de sus expresiones favoritas.

María Cristina es una experta en asustar, prevenir, señalar, poner etiquetas y, cuando las cosas no salen tal y como yo esperaba, acusar, buscar culpables y hacerme sentir culpable a mí mismo. Así ha actuado durante toda mi vida. Pero desde hace algunos años me hice consciente de su presencia, y comencé a tratar de entenderla. No ha sido fácil, tengo que admitirlo. Pero en la medida en la que he aprendido a identificar la forma de actuar de María Cristina y cómo ha influido en mis decisiones o cómo me ha ido cuando he decidido no hacerle demasiado caso, he aprendido mucho sobre mí mismo. A fin de cuentas, esta es una de las razones por las que estoy en esta vida: para reconocerme y con eso cambiar mi actitud.



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