Levantemos nuestras voces

Con cierto aire triunfalista he destacado con anterioridad el importante papel que las mujeres hemos venido ejerciendo para cambiar las viejas estructuras creadas, y de como nos hemos ido infiltrando en ellas, poniendo en práctica nuestra capacidad de liderazgo, igualdad,y protección propias por naturaleza con la finalidad de elevar nuestras voces en beneficio de una sociedad un poco más justa para la humanidad.

Desafortunadamente hay excepciones que me obligan a ver con asombro y tristeza la deplorable figura de Asma al-Assad esposa del actual presidente de Siria a quien la guerra en su nación parece importarle poco o nada. 

asma-al-assadCon cierta incredulidad pude ver sus declaraciones públicas apoyando sin el más tímido asomo de angustia la barbarie a la que están siendo sometidas cientos de madres, esposas e hijas en esa guerra injusta y sin sentido comandada por su esposo el presidente sirio Bashar al-Assad. 

Y digo con incredulidad, porque no me cabe en la cabeza como una mujer criada en Inglaterra y educada en las más prestigiosas instituciones de Europa al estilo puramente occidental, pueda prestarse a ser cómplice de su esposo aprobando cada una de las muertes de casi 10.000 personas y más de 2.600 soldados y policías en lo que va del conflicto en su país.

Asma es una mujer refinada, refinadísima diría yo, inmensa en apariencia como en hipocresía, emulando fragilidad con un descaro tan grande, que hasta miedo da. 

Y yo me pregunto ¿dónde ha quedado la responsabilidad de esta mujer, madre de tres niños, otrora líder femenina y vocal de todas las mujeres árabes? Me atrevo a pensar que prefirió esconder sus cualidades de líder natural bajo las faldas de su cobarde marido y hacerse la ciega optando por hacer compras lujosas de discos y ropa por Internet, y evadir de esta forma escuchar a su propio pueblo que levanta su voz harto de 4 décadas de injusticia, hambre y desidia.

Me niego a pensar que hay más mujeres como ella y prefiero seguir por el camino de la lucha por la expresión femenina en toda su dimensión. Considero mostrar el ejemplo de la ex presidenta Bachelet, de Vilma Rousseff, de la Secretaria de Finanzas de España, de Hillary Clinton, la Madre Teresa de Calcuta y otras muchas que han estado y siguen en pie de lucha filtrándose en cargos importantes de poder con el fin de lograr el mejoramiento de este mundo tan maltratado por líderes ineptos. 

Voy a mostrar a mis hijas lo que está haciendo Asma al-Assad, pero también voy a enseñarles que la mayoría de nosotros reprobamos su conducta pobre e inhumana. Quiero que sepan que no tolero el silencio de Asma; que deseo de todo corazón que tenga la voluntad y el coraje para pararse frente a su esposo y exigirle de inmediato el cese a la violencia en su país, y que veo con esperanza el día en se coloque al lado de su pueblo para expresarle su apoyo y protección. Voy a firmar con ellas una petición de las damas de las Naciones Unidas exigiéndole a Asma al-Assad que detenga el fuego y que levante la voz por su país.

Voy a decirles a mis hijas que de cada cien personas, una es mala, pero las noventa y nueve restantes estamos dispuestos a levantar la voz y a vencer.

 



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