Libre de gluten y de otras cosas más

Libre de gluten y de otras cosas más

Hago deportes cuatro veces por semana y les confieso que en ocasiones siento que no tengo de donde sacar energía para el día siguiente. El descanso interrumpido suele ser el responsable de esto. Pero más aún lo es mi alimentación diaria, que si bien es grande en cantidad -siempre tengo mucha hambre- quizás no lo es en calidad.

Yo comía frutas, vegetales, pan y arroz integral y, sin embargo, había estado experimentando falta de energía y pesadez estomacal.

Ante mi decepción alimentaria decidí ir al médico quien luego de diagnosticarme una excelente condición física, decidió hacerme una prueba simple de sangre para la detección de alergias, y voilá, allí estaba la razón de todos mis males.

Soy alérgica al trigo, a la soya y al cacahuate o maní. Insólito descubrimiento para mí que al tratar de comer sano, estaba introduciendo alimentos absolutamente perjudiciales a mi organismo.

Comencé a leer y educarme sobre las dietas libres de gluten y trigo y he descubierto casi una veintena de marcas en el mercado. El asunto no ha sido tan fácil pues muchos productos son de mala calidad y, peor aún, de mal sabor. Así las cosas, luego de una exhaustiva investigación de mi parte, la despensa de mi cocina se ha llenado de productos libres de gluten y trigo que van desde galletas crackers hasta harina de panqueques, pasta y pan.

En este ya largo camino recorrido, también me he vuelto una experta detectando mentiras en las etiquetas de ciertos productos como las avenas o harinas de maíz precocido que son enriquecidas con harinas blancas refinadas, aún cuando aseguran que son libres de gluten.

No ha sido fácil adaptarme a esta nueva dieta, pero honestamente el cambio ha sido inmenso. Recobré mi energía perdida; pero sobre todo he aprendido que los azúcares refinados y las harinas blancas procesadas me hacen daño, por lo tanto debo evitarlas. Ahora leo las etiquetas para saber que ingredientes contienen los productos. He aumentado el consumo de vegetales y he aprendido a elaborar unos jugos verdes maravillosos.

Mis desayunos con avena orgánica, nueces y almendras son un delirio y además una fuente de energía que dura hasta el mediodía aun cuando practico deportes. Completamente eliminadas están las rodajas de pan integral con queso para los desayunos y las pastas de trigo «durum» que solía comer la noche anterior a alguna competencia.

Esta nueva alimentación me ha volcado a lo básico. Las comidas simples, naturales, no procesadas, esas que suelo comprar en el mercadito local a dos cuadras de mi casa son las que me están devolviendo la salud.

Tardé muchos años en aprenderlo pero como se dice popularmente: «nunca es tarde cuando la dicha llega».



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