Llevarse bien con uno mismo

En el artículo anterior comentamos que hacía falta aplicar ciertos principios universales como la cooperación, el compartir, la bondad y el amor para poder establecer relaciones sanas, no conflictivas, con nuestros semejantes.

Pero no cabe duda que para llevarse bien con los demás primero debemos llevarnos bien con nosotros mismos. Muchos de los conflictos que se generan entre personas son el reflejo de conflictos internos no resueltos. Las personas que agreden, que ofenden constantemente seguramente han perdido la batalla en conquistarse a sí mismos. No en vano se dice que la persona con quien es más difícil llevarse es con uno mismo.

Siempre vamos a experimentar en algún momento alguna situación injusta, por parte de familiares, amigos, organizaciones, etc. pero no por eso vamos andar por la vida con una actitud combativa contra el mundo. Vamos a encontrar aliados y amigos si somos aliados y amigos nosotros mismos y para nosotros mismos. A veces estamos en guerra con nosotros mismos y extendemos esa guerra hacia los demás.

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Otra premisa que debemos considerar es que no todos los conflictos externos son bilaterales. Solo basta uno para entrar en conflicto. Si queremos llevarnos bien con los demás y también con uno mismo debemos ser responsables de nuestra actitud combativa.Las personas que se llevan bien consigo mismas tienen la habilidad y el sentido de la responsabilidad necesarios para preguntarse y contestarse esta pregunta: ¿qué conflicto interno sale de mi interior cuando entro en conflicto con los demás?

Cuando identificamos y resolvemos los conflictos internos, calmamos nuestras tormentas internas y así podemos interactuar de manera más amable con los demás. Incluso nos hacemos más «inmunes» a las provocaciones conflictivas de otros.

Sin embargo, en algún momento todos experimentamos algunas contrariedades internas. Un mal día, no recibir el sueldo a tiempo, chocar nuestro vehículo o un dolor menstrual puede llevarnos a explotar. Pero deberíamos superar estos «bajones anímicos» con rapidez. Debe ser la excepción y no la regla de nuestra conducta habitual.
¿Pero, como olvidar ese malestar interno? Busca a alguien que te anime, que te haga reír, busca distraerte, practica ejercicios, yoga, meditación. Cualquier actividad que te vuelva a tu estado de bienestar. En fin, no te aferres con obstinación a la infelicidad. Bien lo decía Nietzsche: Quien olvida se cura. ¿Lo intentas?

 



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