Llorar hace bien

Repetidas veces he escuchado «los hombres no deben llorar«, «me da pena que me vean llorando», «yo nunca lloro», «llorar es de débiles» «¿Llorando yo? ¡no!, es que estaba picando cebolla!». Hasta he visto personas que en el funeral de alguien muy querido, son como una roca, y algunos comentan: «se lo ha tomado bien».

Aunque a muchos pueda parecerles una debilidad o hasta una ridiculez, llorar es tan beneficioso como reír. La risa y el llanto son dos formas para expresar nuestras emociones, que nos permiten bajar los niveles de estrés, liberar toxinas y descargar tensión de forma natural. El llanto es capaz de generar endorfinas (conocidas como las hormonas de la felicidad), es saludable especialmente cuando se atraviesan situaciones de aflicción o de pérdida, pues ayuda a evitar el desarrollo de la depresión.

Las  reacciones químicas propias de las lágrimas producen un efecto calmante en nuestro organismo. Luego de una buena «llorada» la descarga de tensiones y el alivio de la tristeza es tal, que la sensación que queda es parecida a la de tomar un baño tibio antes de dormir.

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El  doctor  William Frey, del Saint Paul Ramsay Medical Center en Minessota, ha realizado diversos estudios acerca del llanto y afirma que llorar no sólo favorece al desahogo y la distensión de las emociones, sino que permite que una persona se conozca mejor a sí misma y que se relacione de una forma más honesta con los demás; por otra parte, le permite ver con claridad determinada situación pues «las penas obstruyen el intelecto».

Los daños que causa la represión del llanto son casi incontables, entre ellos: enfermedades cardiovasculares, trastornos estomacales o intestinales, úlceras, colitis, aumento de los niveles de estrés, impotencia, frustración o acumulación rabia, aumento de presión, derrames cerebrales, entre otros.

¿Te ha pasado que ríes tanto, que se te salen las lágrimas? es porque todo está conectado. Nuestro organismo está diseñado para funcionar a la perfección y curarnos naturalmente. Así que no dejes que la vergüenza, la timidez, la rabia, ni mucho menos «el qué dirán» coarte tus válvulas de escape; necesitas drenar. No eres un robot, eres un ser humano de carne, huesos, risas y lágrimas. Tienes el maravilloso don de poder expresar tus emociones, así que no lo ignores y permítete sentir.

Si tienes ganas de llorar, ¡Llora! No se trata de ir por la vida lamentándote y sollozando, sino de tomarte un tiempo para ti y desahogar tus penas, aliviar la carga y reducir la angustia. Yo, con el permiso del escritor venezolano Miguel Otero Silva, les digo que «Cuando quiero llorar, ¡yo sí lloro!» y bastante.

 



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