Lo delicioso de fluir

Una de las características necesarias para tener felicidad, según la psicología positiva, es una vida con compromiso y eso significa experimentar flujo o fluir en nuestra vida. Es lo que  el Psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi denominó tener experiencias óptimas.

La experiencia óptima sucede cuando el cuerpo o la mente han llegado, voluntariamente, hasta su límite para conseguir algo que require esfuerzo y vale la pena. Esta concentración total se utiliza para superar retos y las habilidades cuadran con las oportunidades para actuar. Son, en si mismas, una forma de expandirnos.

La forma y el contenido de la vida dependen de cómo utilicemos nuestra  atención. La atención puede emplearse de innumerables maneras, y estas maneras pueden conseguir que la vida se disfrute o se sufra.

El flujo es el estado en el cual la atención es absoluta, las personas se hallan tan involucradas en la actividad que nada más parece importarles. La experiencia, por sí misma, es tan placentera que la realizarán incluso aunque tenga un gran costo.

¿Cómo se que estoy fluyendo?

Si estás completamente envuelto en lo que se estás haciendo con concentración y ausencia total de preocupaciones. Estás totalmente en presente y sales de la realidad cotidiana. Pasan las horas y sientes que solo pasaron minutos. La actividad te resulta gratificante en sí misma.

Sientes que tus habilidades y fortalezas están activadas al máximo y te genera una gran motivación. Entonces estás fluyendo.

Después de cada episodio de flujo te vas convirtiendo en un individuo único, menos predecible, poseedor de habilidades poco comunes.

Si no tienes una actividad en la que  puedes experimentar el fluir, búscala y practícala, porque cuando estás haciendo algo que realmente te apasiona, el tiempo simplemente no importa y el disfrute es absoluto.

TIP

Dar sin esperar nada a cambio. Al ayudar a otros, creamos lazos positivos con la gente y mejoramos la imagen que tenemos de nosotros mismos. En un estudio se demostró que aquellos que en mas oportunidades ayudaban a otros, se sentían un 11% más felices con respecto a sí mismos.

Pegalis 1994



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