Lo que escuché en el silencio

Lo que escuché en el silencio

Cuando la cabeza te llene de preguntas, dudas o temores; aquiétate. Haz silencio. Siéntate cómodo, cierra tus ojos y sólo respira. Entrega todas preocupaciones, deseos y posibles soluciones. La respuesta llegará a ti, ten paciencia, y la reconocerás por su simpleza y claridad.

El silencio es un espacio sin lugar ni tiempo, en el que vamos en busca de nuestra guía interna, corriendo los obstáculos para que su luz aclare los pensamientos y nos oriente en cada paso y decisión.

Jesús decía algo así «Busca primeramente el reino de Dios, y el resto de las cosas te serán dadas por añadidura». El Reino de Dios, o de los Cielos, no es un lugar al que nos vamos a ir de viaje algún día, es un estado de consciencia que alcanzamos en la vida, en el que recordamos lo que verdaderamente somos y nos damos cuenta que, en realidad, nunca nos fuimos de allí.

El silencio es la puerta que abrimos para que esa guía interna nos hable, y su voz sólo puede traernos paz, y garantía de que todos nuestros pedidos son escuchados, las necesidades cubiertas, y nuestras preguntas tienen su respuesta. Pero depende de nosotros crear ese momento especial en el que nos conectamos con la divinidad para escuchar.

El parloteo diario de la mente muchas veces nos confunde, y no hace más que interrumpir y tapar a gritos lo que el espíritu está diciéndonos en cada instante de la vida. Cuanto más practiquemos, aprenderemos a estar alerta de los pensamientos y entonces saber elegir cuáles provienen de una fuente amorosa y cuáles sólo están ahí para retrasarnos en el camino a despertar.

Los que nos retrasan son voces falsas, tristes y adoloridas, que ponen en duda nuestro valor y lo brillantes que somos. Intentan convencernos de que no somos capaces de lograr nuestras metas, y que nos olvidemos que la paz interior es nuestro estado natural. Por eso, de a poco, dejaremos de prestarles atención y a escuchar más seguido a nuestra verdadera voz guía. La voz que nos enseña el camino de regreso a casa.

Practica el silencio y la entrega, confía.



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