Lo femenino, lo masculino y nosotros

Lo femenino, lo masculino y nosotros

Por nuestras creencias, tan atadas a lo que vemos y no tanto a lo que sentimos, así como a las polaridades y los extremos, nos resulta difícil encontrar el punto donde lo masculino y lo femenino se integran. Este es una “darse cuenta” pendiente en nosotros, los seres humanos de este tiempo, en este planeta. Y muchas desilusiones, angustias y tristezas son una manera de ponerlo en evidencia.

Ante todo, masculino y femenino son vibraciones, formatos energéticos que tienen una presencia en los géneros, pero no están definidos por ellos. Estar en un cuerpo masculino implica que se nos facilitará el hacer, discernir con más precisión y resumir alguna idea, teniendo cómo desafío aprender y experimentar lo que lo complementa. Quienes habitan el cuerpo de una mujer, traen esa energía en sus dones, quedando lo masculino como una tarea a realizar. Y como toda tarea, necesita de nuestro interés, de la voluntad y de la disciplina, hasta poder vivirlo en experiencias donde podamos evidenciar que lo que hemos aprendido, esta incorporado y lo podemos actuar.

Este encuentro entre las dos energías la hemos tratado de buscar afuera de nosotros, a través de las relaciones. Por ejemplo, la idea que alguien nos puede complementar es una búsqueda auténtica, porque la necesidad de ese complemento es real, pero al hacerlo afuera, en otros, nos quedamos generalmente insatisfechos, causa de la mayoría de conflicto en las relaciones, ya sea entre esposos, familiares o amigos.

Las consciencias que no reconocen esto, siguen buscándolo en el mundo. Pero quienes transitan estos días con una consciencia más despierta, hacen su propio trabajo interno. Los más sensibles e intuitivos buscando concretar, quienes hacen demasiado aprendiendo a tomar pausas para sentir y vivencias lo interno, o siendo más compasivos y comprensivos quienes tienen tendencia a definir el mundo según su punto de vista sin poder negociar. Cada uno, buscando donde está el desequilibrio y, lejos de quedarse en eso porque “soy así”, haciendo su trabajo para experimentar lo que le cuesta. Porque al experimentarlo, nos damos cuenta, lo aprendemos y lo vivimos. Y esa es la tarea.

En este mes donde la energía esta puesta en celebrar las relaciones, incluyamos ésta con nosotros mismos. Cuando logremos sentirnos completos, dejaremos de limitarnos creyendo que sin el otro, no somos suficientes. Y también celebremos el encuentro con los demás. Porque con ellos podemos poner en evidencia que cuando estamos ordenados y en equilibrio con nosotros mismos, las relaciones, todas, se disfrutan con una plenitud que sólo el amor verdadero puede lograr.



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