Lo íntimo y lo secreto: ¿cómo aprender a reconocer la diferencia para tener mejores relaciones?

A menudo se tiende a confundir lo íntimo con lo secreto. Podrá ser porque has escuchado que tus secretos son íntimos o quizá porque el diario era íntimo y nadie más podía leerlo. Lo cierto es que lo íntimo y lo secreto nada tienen que ver. Te invito a que le des una mirada a este punto de vista, te podrá ser útil para aliviar tu peso social o sonreírte contigo mismo en hermosa complicidad. Lo íntimo refiere a acciones que puedes hacer en solitario pero que no es secreto para nadie. No querrás compartirlas en presencia de otra persona por lo desagradable que refiere la citada acción o simplemente por pudor. Cepillarse o utilizar el hilo dental, cortarse las uñas de los pies, miccionar y hurguetear tu nariz en búsqueda de algún elemento rebelde, son intimidades necesarias y personales, que no requieren de testigos oculares o auditivos de ninguna índole. No encuentro ninguna gracia al hecho de que otra persona, por más cercana que sea, presencie la sonoridad de tus gárgaras, el último temblorcito corporal de una orina masculina o la postura incómoda de poner unas medias de nylon ajustadas. Sin embargo hay gente que gusta de esos espectáculos como símbolo de “confianza”, “marcación de territorio”, contemplación de lo prohibido o por simple exhibicionismo. Allá ellos.

Por el contrario, lo secreto está relacionado a una lozana complicidad contigo mismo. Es el hecho que surge del cuidado de tu identidad. Tu cofre sagrado de acciones y recuerdos que permiten mirarte y sonreír como coautor de tus más atesoradas experiencias. Acariciarte, recorrer con los dedos tus cicatrices, arrugas y lunares, decirte al oído lo que ves en el espejo, pecar con tus pensamientos y fantasear con lo prohibido, son algunos de tus secretos mejor guardados, a los que  tendrás siempre derecho y obligación como ser único y misterioso que eres.

Históricamente nuestros familiares, maestros y adultos nos enseñaron que en una relación con otro, ya sea como pareja, amigo, socio, etc., todo se debía transparentar, porque sino, no era digna ni honesta. Patrañas. Quizá nunca supieron la distinción de lo íntimo versus lo secreto. El saberlo sirve para que libremente y sin culposa conducta puedas verte siendo cómplice de tus historias y tengas certeza que ninguna de ellas te encontrará infraganti cometiendo infidencias traicioneras a la esencia de tu ser. A mi juicio, el ser individuo te da libre albedrío de vivir tus secretos como mejor te parezca. Quien te  reclame que desnudes los tuyos, hurguetea tu bolso, revisa tu teléfono o manipula una conversación. Ese, es un ser tremendamente frágil y con baja propia estima que tarde o temprano encontrará la excusa para evidenciarlo.

El hecho de que te pidan que “no tengas secretos” no puede impedir que te seas fiel a ti mismo silenciando a otros lo que te avergüenza, lo que es solo tuyo y para ti o lo que quieres preservar por el inmenso valor que le otorgas. La genial interpretación del tango del legendario Alfredo de Ángelis te propone en una de sus estrofas: “tu íntimo secreto a nadie le confíes, que el mundo siempre ríe y es muy calumniador”. Que te seas leal es tan simple como que mantengas inmaculados tus secretos. Quien lo entiende así, es porque te ama y respeta tu preciosa individualidad.



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