Lo más natural

Lo más natural

Menos de la mitad de las mujeres amamantan a sus hijos durante los primeros seis meses de vida… y estoy siendo generosa. Si vamos a datos más específicos, encontramos países como Venezuela donde sólo lo hace  el 11 por ciento, o Argentina y Estados Unidos con un 32.5 por ciento.

¿Por qué si tanto se habla de la leche materna como el alimento ideal y de todas las ventajas económicas, físicas y psicológicas, sigue siendo tan poca la práctica? Entre las razones más frecuentes que señalan las madres que deciden no amamantar o dejarlo tempranamente, están la falta de producción suficiente, el niño queda con hambre, el dolor en los senos, la reincorporación al trabajo, falta de apoyo de la pareja, no saben cómo, no lo considera necesario, les da pena, lo consideran esclavizante… y yo agregaría una que considero que es la que más ha pesado: ¡dejó de ser lo más natural, lo normal!

Si no, la mayoría de los comentarios a la foto (que ilustra este artículo) de la actriz Maggie Gyllenhaal amamantando feliz y naturalmente a su bebé, no hubiesen sido sobre el escándalo, o en el mejor de los casos, sobre la excentricidad de la actriz de andar atendiendo las necesidades de su hijo en público. Si fuese normal, lo escandaloso hubiese sido que Jennifer López admitiera públicamente que ella no amamantó a sus hijos porque a ella no la amamantaron y no lo considera necesario.

Con la aparición de las fórmulas o sucedáneos de la leche materna, los alimentos envasados para bebés y la imagen del hermoso bebé “Gerber”, se fue perdiendo la práctica de la lactancia y las campañas de mercadeo de la fórmula para bebé hasta nos hizo creer que nuestra leche no era suficiente, que el niño necesitaba de algo más para quedar satisfecho. Esto junto a otros cambios en el estilo de vida de la mujer, llevó a que se perdiera el modelo familiar.

En la década de los 90, como parte de las estrategias para reducir la morbilidad y mortalidad infantil en el mundo, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), emprendieron una gran cruzada por el rescate de la práctica de la lactancia: desde la creación de los Hospitales Amigos de Los Niños, hasta la capacitación de promotores; el apoyo a legislaciones que prohíben la distribución gratuita de fórmula en los hospitales hasta la inclusión en las leyes laborales de tiempo y espacio adecuado para amamantar.

Sin embargo, la estrategia que más impacto causó, fue la utilizada en Brasil cuando actrices tan queridas y admiradas como Lucelia Santos, comenzaron a amamantar en pantalla, tanto a sus hijos ficticios como reales y la gente lo comenzó a ver otra vez como algo normal. Brasil pasó de tener una prevalencia de la lactancia de 2 meses y medio en 1975, a 7 meses en 1996.

Es cierto no todas las mujeres producen leche fácilmente, pero existen maneras de aumentar el volumen. También hay un período que puede ser doloroso. Eso también tiene solución. Pero como dejó de ser lo más natural, dejamos de buscar esas formas para ayudarnos. Y lo que es peor, dejamos de tener a mano, el modelo, la experiencia, la transmisión natural del conocimiento de generación en generación.

Que si los senos se caen ¡Pues los senos se caen con o sin lactancia de por medio! Sin embargo, dejó de ser normal este hecho y vemos con más naturalidad una cirugía estética que nuestros senos adormecidos después de dar de comer.

La reincorporación al mercado laboral es otro hecho innegable, pero resulta que en muchos países, incluyendo la mayoría de América Latina, las leyes laborales prevén, no sólo la licencia postnatal, sino el período de lactancia. ¿Dónde ha quedado el reclamo de los derechos laborales? Pues en el escaso grupo de mujeres que saben que lo tienen y en el temor a ser despedidas, porque dejó de ser normal, de ser natural que la mujer amamante a su hijo y en ese terreno, se convirtió en una pelea que no todas están dispuestas a dar.  Habría que ver qué pasa cuando una alta ejecutiva decida reclamar su derecho a llevar a su hijo al trabajo y tener un espacio para amamantar.

Yo amamanté, no por militante, sino porque me parecía natural. Porque cuando fui a las consultas con el médico, me hablaba de la preparación de los senos para cuando llegara el momento y la hidratación constante para producir buena cantidad; mi suegra se llenaba de emoción recordando como en su Argentina natal les regalaban malta en los hospitales (no fórmula) para que las madres produjeran leche; porque mi esposo me acompañaba a media noche cuando tenía que dar pecho, porque mi suegro, la primera vez que amamanté en su casa llamó a los vecinos para que vieran a su nieta tomando la teta y a pesar de la intimidad del momento, compartí el orgullo y emoción con todos los que miraban atónitos aquel milagro de la naturaleza.

Militante me hice después, cuando tuve que leer e investigar para defender mi derecho a darle teta a mi hija en público, regresar a apurada a casa porque le tocaba, o con toda la naturalidad limpiarme o cambiarme porque me brotó leche al reírme. Me tuve que convertir en militante para poder hacer algo, que es lo normal, lo más natural.

Esta generación está frente a un reto: sin mayores referentes, rescatar una práctica que durante siglos fue lo normal y que ha quedado fuera de los patrones de la sociedad actual. No es tarea fácil, pero como recompensa tendrán todos los beneficios de los que hemos hablado en innumerables ocasiones, para ellas y para sus hijos.



Deja tus comentarios aquí: