Lo que el fuego me enseñó

Lo que el fuego me enseñó

He comentado varias veces cuánto podemos aprender con sólo observar la naturaleza. Esta vez quiero compartir una enseñanza que me dejó el fuego. ¡Otra más! Porque el fuego es siempre generoso. Usualmente, cuando el tiempo lo permite, terminamos una de las jornadas de los Spiritual Boot Camp al lado del fuego. El fuego siempre libera, limpia, inspira. Pero les compartiré lo que el fuego me ensenó.

Estábamos tratando de encenderlo y, luego de varios intentos, no teníamos éxito. Recordé lo que mi padre hacia para que las llamas tomaran fuerza. El soplaba intensamente. Pero como ésta era una fogata, lo hicimos con cartones. Echamos viento hasta cansarnos pero, así y todo, el fuego no encendía. Hasta que, en el momento que dejamos de insistir, salieron las primeras llamaradas.

Entendí que la energía que crea funciona de la misma manera. Porque en definitiva ¡es la misma energía!

Cuando queremos encender algo nuevo en nuestra vida, debemos insistir, poner toda nuestra energía y empeño, pero sólo cuando soltamos podemos ver cómo se manifiesta. Así como el fuego necesita de nuestra participación, pero no toma fuerzas hasta que dejamos de participar, así debemos hacer nosotros. Hacer  todo lo posible cuando queremos algo, pero saber que cuando ya estamos haciendo demasiado… es el momento de soltar.

Porque hay un tiempo para hacer y otro para dejar de hacer. Primero hacemos nuestra parte y luego Dios completa la suya.



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