Lo que he vivido

Lo que he vivido

Recientemente he visto una entrevista donde Isabel Allende, a sus 75 años, habla de cómo es enamorarse nuevamente. Le preguntaron cómo es a esa edad, y ella dijo que es lo mismo que cuando uno tiene 15 años. Comentó que a esta edad no hay tiempo para reclamos, sino para vivir. Algo así como que no se pierde el tiempo con esas cosas que nos atrapan cuando somos más jóvenes.

Cuando van pasando los años, vamos dejando de lado aquellas cosas que fueron cruciales y determinantes en nuestras relaciones y circunstancias, y vamos disfrutando el momento y estamos abiertos a nuevas experiencias, conceptos, opiniones. Juzgamos menos, entendemos más, o aceptamos las diferencias asumiendo que cada persona es única y tiene su propio ritmo de crecimiento. Nuestra paciencia está más presente en nuestro día a día, y aceptamos que aquello que nos sucede, aunque no sea grato, pasa porque sabemos que todo pasa. Es tiempo de disfrutarnos, de tener nuestro propio ritmo y tiempo, interno y externo.

Recordamos a nuestros padres y los entendemos mucho más. Vemos a nuestros hijos y sabemos que vivirán ese mismo proceso, a su tiempo. Aceptamos que son seres que están viviendo sus propias experiencias y confiamos en que sabrán hacerlo de la mejor manera posible, con sus herramientas y dones. Sabemos y confiamos en que lo que hemos sembrado ha fructificado y que nuestros errores serán minimizados por su propio valer. Al verlos desarrollando su potencial, nos sentimos tranquilos porque en sus logros nos confirman que lo hicimos bastante bien. Es una cadena. Estamos seguros de que cada generación supera a la anterior. Nuestra vida se basa en la esperanza y la confianza.

Algunos habrán logrado exitosamente sus metas; otros habrán cambiado su rumbo según las circunstancias se fueron presentando; otros, tal vez sin tener metas trazadas, fueron viviendo y logrando éxitos inesperados. A este punto, estoy clara en que no hay una definición de éxito, que, obviamente, no es el que nos bombardea en uno y otro anuncio publicitario, que cada quien tendrá su propio concepto sobre el éxito. Tal vez la palabra adecuada no sea éxito, sino logros.

Lo importante es no recriminarse por lo que no pudo ser, por lo que no se vivió, por lo que no se logró o no se alcanzó. Lo que fue, fue. Y nos conformó, nos hizo quienes somos hoy día. No voy a listar lo que hay que hacer para no lamentar esas fallas, esas ausencias, o esos hechos. Lo que voy a sugerir es dejar lo pasado como tal y capitalizarlo. Despertarse cada día con la seguridad de que somos sus dueños, que está en nuestras manos hacerlo importante para nosotros, valioso y productivo, y que esa actitud nos lleve a descansar satisfechos. No hay tiempo para el reproche porque tampoco es útil. Tenemos muchísimas herramientas con las que podemos construir un presente rico y reconfortante. Ya es tiempo de hacer aquello que deseamos, sin importar lo que piensen otros. Es tiempo de libertad interna vivida con paz y serenidad.

En este enlace puedes ver un mensaje para adultos mayores: Eres un triunfador.



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