Lo que supongo de la intención

Lo que supongo de la intención

Uno de los errores más complejos que cometemos en el tema de relaciones interpersonales es el suponer las razones de lo que la otra persona piensa, siente o hace en lugar de indagar directamente haciendo preguntas. De verdad nos sorprenderíamos muchas veces con las respuestas que obtendríamos, muchas de las cuales en ocasiones ni siquiera pasaron por nuestra cabeza.

¿Por qué ocurre esto?

Solemos creer que hay una sola visión de las cosas y esa visión es la nuestra y desde allí sentimos la certeza de poder evaluar, juzgar o suponer la intención de los otros, interpretamos la realidad de los demás desde nuestra propia percepción, intentamos andar su camino desde nuestros propios zapatos en lugar de usar los suyos.

Es necesario tener presente que no somos iguales, nadie es igual a otro, cada quien tiene un componente genético, experiencial, vivencial, que termina impactando en sus creencias, emociones y por supuesto sus conductas, por ello tratar de interpretar a los demás desde tus cristales suele llevarte a conclusiones erradas.

Esto no solo ocurre en situaciones de conflicto, puede pasar en cualquier contexto, veamos dos ejemplos:

  • Invitamos a alguien a comer una comida que le preparamos y esa persona no se lo come todo: puede que supongas que no le gustó pero lo cierto es que las causas pueden ser muy variadas como por ejemplo: no suele comer esa cantidad que le serviste, está inapetente, había comido algo unas horas antes y no tiene mucha hambre…en fin, cualquier cosa y no necesariamente que no le gustó.
  • Enviamos un WhatsApp y nos dejan en azul, no nos contestan (este es típico), y supones que la persona es grosera o que no te quiere contestar y nuevamente pueden haber muchas causas como por ejemplo: lo leyó pero no puede responder en ese momento, quiere esperar para pensar bien lo que te va a responder, le pasó por encima sin darse cuenta y ya no le sale como mensaje nuevo, etc.

“Tendemos a hacer suposiciones sobre todo. El problema es que, al hacerlo, creemos que lo que suponemos es cierto. Juraríamos que es real. Hacemos suposiciones sobre lo que los demás hacen o piensan -nos lo tomamos personalmente-, y después, los culpamos y reaccionamos enviando veneno emocional con nuestras palabras. Este es el motivo por el cual siempre que hacemos suposiciones, nos buscamos problemas.” Los cuatro acuerdos (1997), Miguel Ruiz

Incluso pasa en el amor, en las fases iniciales o de enamoramiento cuando estamos embelesados con la otra persona podemos suponer los mejores atributos en la misma a fin que se ajuste a nuestro concepto de pareja ideal y luego, al comenzar a ver esos aspectos que no nos agradan podemos llegar a suponer que como nuestro amor es muy fuerte podemos cambiar a esa persona, dejando de lado que nadie cambia por nadie, los cambios en una persona ocurren por decisiones y esfuerzo personal.

En situaciones de conflicto

Cuando enfrentamos un conflicto, las suposiciones pueden ser aun más peligrosas y son precisamente las que se refieren a lo que suponemos sobre la intencionalidad del otro; si considero que la otra persona hace o dice algo porque quiere perjudicarnos no hay posibilidad de resolución hasta que esta creencia no cambie. ¿Cómo puedo resolver un conflicto con una persona sobre la que creo que su objetivo es perjudicarme?

¿Qué hacer entonces?

Preguntar en lugar de suponer, obvio, pero formular preguntas con la mente abierta dispuesta a intentar comprender los argumentos de esa persona que puede que nos parezcan absurdos porque no se corresponden con los nuestros, pero, se trata de la verdad del otro, no de la tuya y si no entiendes esto pues ni preguntando dejarás de suponer.

Para finalizar, no quiero desechar el hecho que las suposiciones puedan ser importantes, en muchos casos nos dan alertas a considerar, siempre y cuando nos tomemos el tiempo vara validarlas o lo que es lo mismo verificar que lo que suponemos es cierto. Recordemos que en la antigüedad se supuso que la tierra era plana y se asumió como cierto hasta que se demostró lo contrario.

Imagen de Wokandapix en Pixabay



Deja tus comentarios aquí: