Lo sagrado en la vida cotidiana

¿Cuál es el espacio de lo sagrado en la vida cotidiana? Con solo escribir o leer la pregunta, los pelos se sienten tentados a ponerse de punta. Resulta, por decirlo de una manera, demasiado amplia y difícil de aterrizar. O más aún, un tanto pretenciosa, con tufillo a filosofía barata. Suena incluso como la antesala a un sermón de domingo.

Pero la intención no es esa. Como verás, la intención es reirse y conectar con otra cosa.

En una charla en Spirit Rock, California, el psicólogo y maestro de meditación Jack Korfield, comentaba sobre las barreras que levantamos entre los distintos aspectos de nuestras vidas. Esto nos lleva a separar lo sagrado y lo cotidiano como si se movieran en esferas diferentes.

velas sagrado 300Si vamos a lo básico, lo sagrado tiene un lugar definido: el templo, la iglesia, la sinagoga, es decir, el lugar donde buscamos refugio y nos acercamos, espiritual o religiosamente, a aquello que nos trasciende. Por otro lado, lo cotidiano es por definición mucho más mundano, y por lo tanto, más humano. Pero ¿qué pasa si conviven en el momento presente?

“Vivimos en una sociedad dividida” dice Kornfield en su charla “Cuidamos el cuerpo en el gimnasio, hacemos dinero en el mercado de trabajo, conducimos nuestras relaciones en la calle y buscamos la paz en el templo. Pero no deberíamos vivir divididos entre tantos compartimientos”. Con sus enseñanzas, Kornfield aboga por abrirle la puerta a lo sagrado para que entre en la vida cotidiana y visceversa. Vivir en esa línea que divide ambos ámbitos y borrarla.

De cierta forma su reflexión es similar a la de muchos sacerdotes desde el púlpito: aplicar las enseñanzas de la fe en el día a día; no reservarlas para el momento de encuentro con Dios.

En ambos casos, esto podría entenderse como la necesidad de llevar en todo momento una vida religiosa o espiritual; pero de cierto modo el mensaje es más simple y concreto: alinea tus intenciones con tus acciones.

¿Esto qué significa?

cruzConecta con lo que te rodea de acuerdo a lo que deseas ver en el mundo, podría ser una respuesta.

Para no entrar en aguas profundas (no por miedo a ahogarnos, sino porque es mejor que cada quien nade su piscina) compartimos contigo el cortometraje Bodisattva en el Metro, dirigido por Cristine Rabette. Según la tradición budista, el Bodisattva es un ser liberado, alguien que ha hecho votos de compromiso con el bienestar y la compasión hacia todos los seres vivos.

Este video muestra cómo es posible transformar un espacio mundano en un templo de conexión humana. La intención del Bodisattva es aliviarle el peso del día a los pasajeros del Metro. El recurso que utiliza es algo tan simple con la risa. El resultado de su acción es que por un instante la dicha se sube al vagón y todos se reconocen en el mismo espacio, en un presente que de cierta forma se ha hecho sagrado.

Porque lo sagrado no necesariamente reside en las alturas, rodeado de un halo y acompañado de efectos especiales las 24 horas.

Está aquí, en la vida cotidiana. Es cuestión de saber moverse en el presente.

 



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