Lo siento, perdóname

En ocasiones herimos a nuestras parejas, padres, familiares o amigos cuando cometemos errores o actuamos incorrectamente. Eso es normal, al igual que tendría que ser normal asumir responsabilidad por nuestros actos y disculparnos. Sin embargo,  ¡esto no es tan normal! Para muchas personas el hecho de explorar y reconocer su parte y decir, “me equivoqué”, o “lo siento, perdóname” no es tarea fácil.

¿Por qué en ocasiones cuesta tanto pedir perdón, cuando en realidad solo implica  una o dos palabras? Es más, si nos paramos a pensar por unos instantes, pedir perdón es casi una necesidad, ya que sino lo hacemos nos arriesgamos a  vivir en constante batalla con nuestros seres queridos, que de hecho muchas personas lo hacen. El reconocer que nos hemos equivocado y pedir perdón es el antídoto para mantener relaciones sanas y duraderas. Y entonces… ¿Por qué nos cuesta tanto hacerlo?

lo_sientoHay quien tiene dificultad para pedir perdón porque le cuesta reconocer sus errores, bien sea por orgullo o miedo. A otros no les gusta reconocer que metieron “la pata”, ya que eso implica  admitir que se equivocan y que, por cierto, todos lo hacemos. El admitir que hicimos algo mal no nos gusta porque eso nos toca el orgullo. Nos hace ver el acto de pedir perdón como una humillación, cuando en realidad el aceptar nuestros errores y limitaciones es un acto de respeto, valentía y madurez.

En ocasiones, pensamos que pidiendo perdón la imagen que creemos haber creado de nosotros mismos hacia los demás se derrumbará y eso nos hace sentirnos inseguros y raros. También existe el miedo al rechazo: nos asusta el pensar en la posibilidad de que la otra persona reciba con desprecio nuestras palabras de perdón y eso, en ocasiones, nos frena a exteriorizar nuestros sentimientos. Ósea…, que por una cosa o por otra…, ¡nos complicamos el hecho de disculparnos!

La disculpa sincera requiere de tomar responsabilidad por nuestro comportamiento: “Sé que te hice daño y no hay excusa para mi comportamiento”. Enseñar remordimiento: “Me siento muy mal por haberte hecho sufrir”, y remedio: “No lo haré de nuevo”. La técnica de las tres “R”, responsabilidad, remordimiento, y remedio de la psicoterapeuta Beverly Engel, autora del libro: “The Power of Apology”. Es una manera muy sencilla de tener presente lo que requiere una disculpa sincera asumiendo nuestro error, con todo lo que eso conlleva. Aunque no puedas cambiar lo que pasó, lo sientes, estás arrepentido y quieres aprender del error para que no vuelva a pasar.      

Si eres una de esas personas que pedir perdón no es parte de tu agenda, pero te gustaría mejorar ese aspecto de ti, la próxima vez que te veas en situación, analiza que es lo que te está impidiendo pedir perdón. Cuando lo hayas analizado, aceptado y estés preparado…, acércate a la otra persona y comunícale tus sentimientos. ¡No olvides…, la técnica de las tres “R”!

Aprendamos de nuestros errores y trabajemos el orgullo, los miedos y todos los obstáculos que se pongan en nuestro camino para así poder decir: “¡Lo siento, perdóname!”.

 



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