Los 15 minutos al comienzo del día que ayudan a sacar tu mejor versión

Los 15 minutos al comienzo del día que ayudan a sacar tu mejor versión

Una reciente actividad de nuestro equipo de mindfulness​ en empresas fue bautizada por los organizadores como de «centramiento». Se trataba de una práctica que precedía a una evaluación de gestión de equipos y, según fundamentaron quienes nos invitaron, apuntaban a que los empleados puedan sentirse relajados y enfocados.

No se equivocaban en la importancia de esa práctica. La metáfora del centramiento es muy similar a la del «afinamiento» que ofrece el precursor del mindfulness en salud​, el doctor Jon Kabat-Zinn, y que apunta a la necesidad de despertar nuestros sentidos y abrir nuestra percepción atenta a la realidad.

Jon dice que es similar a lo que hacen los músicos cuando van a entrar en un concierto: un músico experto no llega unos minutos antes con su instrumento, desenfunda y se sienta a tocar. Más bien se toma un largo momento de afinamiento del mismo para que suene bien, durante no menos de 30 minutos toca y toca hasta que se escuche la mejor melodía, y eso implica también que alinee su mente y la despeje de cualquier otra cosa que no sea la concentración en su instrumento.

Así debemos proceder con nuestra mente, remata el biólogo creador del programa de reducción de estrés basado en Mindfulness en la década del 80. «Necesitamos pulirla, afinarla antes de empezar nuestro día, para que la mejor versión de nosotros suene en la jornada».

Primero: calmar nuestra mente de mono

Sin dudas cualquier actividad de centramiento debería comenzar con una práctica atencional donde podamos, progresivamente, estabilizar el movimiento de nuestra mente. Los empleados corporativos suelen reportarnos una exacerbación de su activación mental con abundante contenido ideacional y anticipación ansiosa.

Cualquier ejercicio que facilite la concentración en un punto, que puede ser la respiración, los sonidos o el movimiento suave del cuerpo, por ejemplo, permite que la mente comience a organizar su foco atencional poco a poco.

No es que uno se concentra e inmediatamente recluta su potencial de atención donde desea: al contrario, inicialmente nuestra mente se niega, se escapa como un jabón húmedo, ya que está condicionada a irse del momento presente. Pero luego, como un animal temeroso que va tomando confianza se queda, se estabiliza, se mantiene enfocada y nos va permitiendo descubrir en profundidad lo que a veces pasamos por alto.

Estabilizar la mente de mono lleva tiempo y especialmente requiere de dos cosas: de una intención renovada y de una práctica constante. Con el tiempo y tal cual lo demuestran algunas investigaciones, se alcanza la misma intensidad atencional con menos esfuerzo cognitivo.

Segundo: empatizar con lo que encontramos

Al tiempo que ganamos en profundidad atencional, necesitamos de otro ingrediente clave: la actitud mindful.

Se trata de una combinación de curiosidad, apertura, no juicio, bondad y aceptación, una mixtura virtuosa que nos permite seguir descubriendo la realidad sin luchar contra ella.

Por ejemplo, cuando observamos nuestro cuerpo inicialmente podemos encontrar dolor, molestias e incomodidad asociada al estrés​ y a la acumulación de tensión. Sólo una cualidad de bondad y curiosidad nos permitirá seguir avanzando e inclusive tomar cartas en el asunto (sea consultar al médico, mejorar nuestras posturas corporales, etc). Quizás podríamos llamar a esta cualidad empatía y hacerla extensible a la observación del entorno, incluyendo a los compañeros de tarea, sus características personales, dificultades y potencialidades.

Empezar el día meditando

Entonces se trata de levantarse unos momentos antes de lo habitual, esto es, de comenzar la jornada (desayunar, bañarse o lo que hagas) y disponer de al menos 15 minutos para practicar. Hacer yoga, algunos movimientos de caminata consciente, respiraciones abdominales o meditación sentada pueden ser ejercicios a elegir para centrar y afinar la mente. Afinarla en sus dos dimensiones: cognitiva y emocional. Más foco, más empatía.

Seguramente será un proceso lento el suavizar esa frenética actividad, reacomodarla y librarla de los «cachivaches habituales» que la visitan, como dice Ramiro Calle, el experto profesor de yoga, pero se ganará en paz y comenzará a surgir nuestra mejor versión.

Porque de eso se trata, de afinar antes de entrar de lleno al día nuestro exquisito instrumento, la mente, para que la melodía que suene llene de musicalidad en el entorno que habitamos.

Imagen de Ylanite Koppens en Pixabay



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