Los adolescentes y el divorcio

La separación de la pareja conlleva la ruptura de la dinámica familiar, lo que puede generar inestabilidad en la vida de los hijos.

Durante la adolescencia, los jóvenes crean su propia identidad, comienzan a establecer relaciones interpersonales sólidas y aprenden a interactuar con sus familiares. Es una fase en la cual se proponen metas y proyectos a futuros.

Cuando ocurre un rompimiento en la relación de los padres, se inicia un período de inestabilidad emocional con el cual el adolescente debe aprender a lidiar, lo que podría generarle cambios de conducta, ansiedad y depresión. En este caso, ambos padres deben velar por el bienestar de sus hijos, y entender que para ellos la situación es igualmente difícil.

Los jóvenes suelen responder a la separación de las siguientes formas:

  • Temor de no volver a ver a uno de sus padres, sensación de pérdida de la imagen familiar, soledad y tristeza.
  • Pueden sentir rechazo y sufrir cambios de autoestima, ya que necesitan estimulación extra de parte de un adulto.
  • Internamente pueden ver la separación como una pelea entre dos bandos y si toman alguna posición sienten que traicionan a uno de los padres.
  • Es común que en algún reencuentro familiar se hagan la idea de una posible reconciliación entre los padres.
  • Es habitual que los varones presenten más problemas escolares y mayor irritabilidad que las hembras.

En los primeros meses de la separación los jóvenes mantienen la idea de que tienen la culpa. Normalmente, suelen preguntarse si podrían haber ayudado a evitarlo, ya sea con su actitud o colaborando más con la familia en los momentos de crisis.

Por eso es importante dejar claro que la separación o el divorcio son el resultado de los problemas que surgen en la pareja, no con los hijos. Así se libera al joven de sentimientos negativos.

Es recomendable que ambos padres comuniquen la decisión del divorcio. Los hijos deben estar enterados con anticipación y saber cuál de los padres se mudará de la casa.

Actuar de forma clara para ayudarlos a comprender es muy importante. Igualmente pedir ayuda a un psicólogo si es necesario, para descargar las emociones y encontrar técnicas para sobrellevar la situación de la mejor manera. También es indispensable tratarse con respeto y mantenerse atento a las señales de estrés o ansiedad que presenten los hijos para actuar oportunamente.



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