Los buenos somos más

LOS BUENOS SOMOS MÁS

Los buenos somos más, muchos, muchísimos más.

Nos levantamos cada mañana a trabajar, a sacar adelante a nuestras familias, nuestras carreras, nuestras aspiraciones y sueños aunque tengamos la sensación de una muralla que nos aprisiona y nos prohíbe progresar.

Montamos negocitos, vendemos empanadas, tortas, dulces, ideas, objetos, sembramos la tierra, recibimos a la visita en una posada, escribimos, fotografiamos, actuamos, cantamos, hacemos, creamos, negociamos, construimos.

Hemos perdido mucho, pero también hemos ganado en dignidad, solidaridad y sentido de arraigo, porque no hay como sentir que se nos va la vida para aferrarnos con fuerza a ella.

Los buenos somos millones más.

Unos estamos aquí y hemos salido por meses a la calle, trancamos, marchamos, escribimos pancartas, votamos, firmamos, cantamos, guerreamos, informamos, nos enfrentamos con miedo y coraje a una dictadura represiva que nos desconoce.

Algunos lo hacemos con cierta serenidad de espíritu, otros desde la rabia ante tanto abuso, algunos usamos banderas, otros usamos escudos, algunos dibujamos con pintura, otros nos defendemos con ella.

Todos, absolutamente todos, resistimos porque creemos en la dignidad de nuestro gesto y nos empoderamos en el ideal de la democracia, la libertad y la justicia.

Todos sabemos que es difícil, que es duro, hemos visto de qué manera una crisis saca lo mejor y lo peor del ser humano, pero en lugar de envilecernos, nos hemos crecido, porque luchar por una causa justa es el mayor alimento del alma.

Los buenos somos muchísimos.

También estamos regados por el mundo, con el alma rota entre una cotidianidad que se pretende normal y una angustia existencial que nos traga el ánimo. Desde afuera levantamos recursos, somos embajadores de nuestra causa, informamos, exigimos, votamos, firmamos, posteamos.

A veces se nos va de las manos y pretendemos dar instrucciones a nuestros hermanos que también sufren, queremos tener la verdad en las manos porque la impotencia es un sentimiento muy fuerte y jodido. Sepamos que lo que a veces suena a soberbia, también puede ser dolor y ese dolor lo compartimos todos.

Todos queremos tener la solución, no importa dónde estemos queremos tenerla y por eso la vociferamos furiosos para ver si alguien nos atiende.

Porque todos queremos futuro y sabemos que callados nadie nos va a escuchar, así nos veamos más bonitos.

Los buenos somos más.

Unos hemos escrito, otros hemos documentado, analizado, opinado, criticado, alertado, participado, dialogado, negociado y hasta ignorado, pero la realidad nos ha alcanzado a todos y cada uno de nosotros, porque no se puede andar sereno por la vida mientras tamaña injusticia se come el futuro de todo un país que quiere salir adelante a punta de trabajo.

Porque el andino que me contó que lo habían hecho votar supervisado se quedó en su casa el 31 para que más nunca nadie le diga a quién elegir, porque la señora de Paraguaná que quiere ver sus iglesias pintaditas se fue a pie el 16 bajo una chapa de sol porque sigue creyendo en el poder de un voto aunque desde arriba se lo nieguen, porque el posadero que tuvo que cerrar con dolor su negocio e irse hizo 5 horas de cola en Chile para decirle a la dictadura que él también existe y que nada podrá anularlo, porque la madre que llora a su hijo pero sigue saliendo a marchar sabe cómo honrar una voluntad, porque al que le mataron a su perrito en una redada salvaje sigue trancando, sigue luchando, sigue rebelde, porque aunque nos infundan el terror de las armas, del abuso, de la arbitrariedad y la violencia, sabemos que nuestra voluntad vale mucho más que la de la cúpula corrupta que nos trajo hasta aquí.

Porque aunque estamos en plena oscuridad sabemos ser luz y no vamos a dejar que nada nos apague.

Los buenos somos tantos que somos indetenibles.

Porque aunque a veces nos equivoquemos, aunque a veces critiquemos de más, aunque a veces no entendamos, aunque pequemos de intransigentes, aunque caigamos en el juego de la violencia, aunque creamos en ilusiones, aunque guerreemos desde un teclado, aunque dudemos como principio, aunque caigamos en trampas mesiánicas, aunque de a ratos nos pueda la rabia, la desesperanza, la desesperación y el inmediatismo, queremos lo mismo para Venezuela: democracia, paz y progreso.

Y todos los que queremos eso sabemos que tenemos que conseguirlo nosotros, que nadie nos lo va a garantizar.

No, no sabemos muy bien cómo y a veces nos desespera sentir que nuestra dirigencia tampoco, pero esta es una lucha de largo aliento, de resilencia, de infinita paciencia para convertir al largo aliento en largo alcance, porque queremos construir algo mucho mejor y no sólo un parapeto.

Los buenos somos más.

Y tenemos que dejar de juzgarnos entre nosotros, tenemos que señalarnos pero para reconocernos, para darnos valía unos a otros, para agarrarnos de la mano y andar juntos en una misma dirección. Somos más y es hora de empoderarnos, de saber que somos justos, somos nobles, somos valientes y podemos. Es hora de acabar con la desconfianza mutua, de quitarnos epítetos inútiles.

Los buenos somos más y es hora de juntarnos.



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