Los cambios que necesitas

Probablemente sientas que no necesites un cambio, pero dar siempre todo por sentado no es completamente recomendable. Sentirse en un buen momento debe poder disfrutarse sin que eso signifique acomodarse. Dijo el escritor paraguayo Augusto Roa Bastos: “no es creyendo sino dudando como se puede llegar a la verdad que siempre muda de forma y condición”.

Hay que querer sacudirse, levantar el polvo, remover aquello que en su momento fue útil pero que ahora no es más que adorno. Sobre todo si sabemos que, en el fondo, siempre seremos imperfectos, que estamos en constante transformación, siempre en proceso.

Bien sean cambios externos (tienes más o menos kilos de los que te gustaría tener, por nombrar el más manido) o internos (tendencia a la depresión, celos, duelos, entre tantos que hay), siempre habrá algo que podremos cambiar. Conocer nuestros puntos débiles es parte del camino, pero no ganamos nada si no intentamos fortalecerlos o (“deje así”) concentrarnos en aquellas cosas que pueden llegar a ser nuestras fortalezas.

Abre tu mente: no te niegues la oportunidad de conocer a personas que consideres diferentes a ti, involúcrate en actividades que siempre te llamaron la atención y que nunca emprendiste por falta de tiempo o auto saboteo o miedo; anímate a hacer una lista de las cosas que siempre has reprochado (“¿yo, ingeniero, en una clase de baile o meditación? ¡bah!”) y oblígate a participar, por lo menos una vez.

El rechazo a algo muchas veces parte del miedo o la ignorancia. Por ejemplo, un tema bastante popular estos días: la sexodiversidad. Eres heterosexual y toda tu vida has pensado que la homosexualidad está mal, que es antinatural, que es pecado, pero has llegado a respetarlo en un solvente ejercicio de tolerancia. Bien, cuando estés en soledad y pienses en el placer infinito que te produce estar con tu pareja –hombre o mujer- trata de practicar la empatía: imagina que no pudieras darle un beso mientras esperas para pagar la luz por miedo a que te griten o insulten.

Capaz te suena tonto, pero trata de identificar el hecho de que el reproche o rechazo que sientas evoca sentimientos en ti que, como hombre o mujer heterosexual, no tienen ninguna trascendencia, más que lo que pueda resultar de la acumulación de mala energía. Lo mismo con temas de racismo, clase social, etc. Volviendo al principio: cambiar paradigmas. Creernos verdaderamente capaces de perdonar, de transformar, de crear. ¿Cuánto muchacho con inquietudes artísticas se vio obligado a estudiar una carrera científica por culpa del miedo de sus padres? Nunca es tarde. El objetivo de estas líneas no es atacar, sino conciliar: resolver los temas pendientes contigo mismo primero, para que luego se exterioricen con mayor naturalidad en tu relación con los otros.



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