Los chiquitines hablan con su cuerpo

Los chiquitines hablan con su cuerpo

Durante los encuentros con criadores y educadores en talleres, conferencias y espacios de divulgación e intercambio, surge mucho la inquietud de madres y padres de niños pequeños (alrededor del año a los 4 años de edad) sobre comportamientos valorados como indeseables e inapropiados. Dichos progenitores manifiestan su temor de que este tipo de conducta constituya un riesgo para el correcto desarrollo en el proceso de socialización de las criaturas deviniendo a la larga en sujetos antisociales e inadaptados. Aún cuando se trata de conductas típicas de niños pequeños, los padres no las vinculamos con rasgos evolutivos que dejarán atrás por autorregulación, es decir, toda vez que el pequeño haya alcanzado la madurez suficiente para expresarse o conducirse con recursos más elaborados.
A continuación algunos ejemplos de las inquietudes frecuentemente manifestadas por los padres:

  • Cuando mi nena de 16 meses se enoja, y lo hace porque no se le da lo que ella quiere, lanza lo que tiene a su alcance, comida, juguetes, lo que sea y hasta llega a golpearme. ¿Qué hacer?
  • Mi bebé de 1 año y 10 meses frecuentemente me hace actos de agresividad. Rompe o tira las cosas con el objetivo de calmar sentimientos ocasionados por llamados de atención y no sé que hacer ante este comportamiento.
  • Yo le hablo a mi hijo de 2 años y me quiere hasta pegar, es de carácter muy fuerte. Me dicen que debo controlarlo con una nalgada a tiempo o luego nos pesará.
  • Tengo un bebé de 2 años que pega y muerde. Ya  me han citado varias veces en el preescolar y no sé que hacer para corregir su conducta.

A menudo los adultos sin saberlo o sin darnos cuenta creamos interferencias porque actuamos desde expectativas falsas sobre lo que podemos o no esperar de un niño según las características de su momento madurativo. Desconocemos por ejemplo que los niños a esas edades son básicamente emocionales (no han desarrollado el habla ni la infraestructura cerebral para percibir, gestionar o expresar las experiencias de un modo más racional). No tienen la experiencia necesaria ni la noción del antes o después, están siempre aquí y ahora, pasan de una emoción a otra (de la rabia con llanto a la euforia con risas) de un segundo a otro, rápidamente. Son psico-corporales, todas su emociones desde la rabia, frustración, hasta la alegría y la euforia, las manifiestan con el cuerpo (descargar golpes, lanzar objetos, morder, etc.).

¿Qué podemos hacer?

  1. Mostrar empatía validando su emoción (entiendo que te sientas frustrado por… me encantaría complacerte pero no puedo por…).
  2. Ofrecer alternativas más atractivas e inesperadas para distraerlos e inducirlos a que olviden lo que provocó rabia (¡mira qué bello el perrito, el pajarito, la muñeca…!).
  3. Ofrecer  algún objeto que puedan lanzar o golpear (pelota de goma, un tambor, una almohada) para descargar sus impulsos, sin dañarse ni dañar.
  4. Podemos actuar físicamente con firmeza y sin violencia conteniendo el cuerpo de la criatura para que no haga daño o se haga daño marcando el límite con gestos inequívocos y coherentes (un abrazo amoroso que le impida golpear o golpearse, es un límite).
  5. Revisar la dieta del niño. El exceso de consumo de azúcar y otros alimentos que provocan alergias, pueden aumentar la impulsividad o agresividad.
  6. Paciencia y comprensión. Si no creamos interferencias a través de intervenciones represivas o exigencias desmedidas, llegará la edad en que progresivamente el niño logrará madurez para gestionar sus emociones con mayores recursos, así como la capacidad para adaptarse mejor a las exigencias del entorno.

Recordemos siempre que los niños no actúan por capricho o malacrianza como se cree comúnmente. La conducta de los niños siempre se explica por la interacción con su adulto cuidador, el momento madurativo y las circunstancias que le rodean. En lugar de intentar detener o reforzar una conducta determinada con reprimendas, premios y castigos, indaguemos y atendamos la causa estableciendo una conexión robusta con la criatura, empatizando con ella y respetando su integridad como persona.



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