Los conflictos y sus edades

En los seres humanos podemos referirnos a dos edades: la cronológica y la biológica. La primera corresponde al individuo en función al tiempo transcurrido desde el nacimiento, la segunda al estado funcional de nuestros órganos comparados con patrones estándar para una edad. Hablaremos en estas líneas de una tercera, las edades emocionales, que en presencia de conflictos en la persona adulta, se pueden manifestar sin ser reconocidas.
Seguramente se sorprenderán al tratar de comprender que una persona adulta pudiese estar tratando asuntos importantes o trascendentes con otra edad que no sea la que lo define pero,  queridos lectores, es muy frecuente ver en consulta adultos en estado de descontrol por no saber abordar distintas problemáticas. Bien sea familiares, profesionales, negocios, incluyendo la relación consigo mismo. En este preciso momento usted puede ser uno de ellos. Evitando conversar con sus padres porque  su nivel de tolerancia en pocos minutos lo lleva a la irritación; evadir para no afrontar temas pendientes con la pareja por no escucha posiblemente un planteamiento de divorcio, no pedir justificación de cuentas a un socio por miedo a que se disuelva la unión, no reprimir a un hijo, cuya conducta no es acorde, por miedo a una rebeldía que posteriormente desencadene un distanciamiento en la relación. Motivos realmente son muchos, y en ocasiones plagados de una serie de sucesos de la edad infantil o de la adolescencia no identificados, que han marcado definitivamente el mundo de las creencias del adulto. 
Estos referentes pasan a ser utilizados de forma inconsciente. A veces saltan o aparecen como conductas irascibles ante lo primero que nos hace sentir amenazados, o por el contrario nos puede paralizar hasta el punto de ir traicionándonos lentamente, convirtiéndonos en personas permisibles ante todo lo que acontece, o bien, comenzamos a desempeñar roles de héroes que nos hacen asumir situaciones que no nos compete.
Luis David, ejecutivo brillante 34 años ejerciendo un importante cargo pero con una absoluta incapacidad para poner límites ante figuras jerárquicas. Con personal subalterno demostraba una actitud bastante segura y ante los que representaban mayor rango era reconocido como reservado, asertivo, incondicional y sobre todo siempre dispuesto. Estas cualidades eran la base de su desempeño y ascenso. Efectivamente había pasado por varios intentos para sobreponerse a esta situación, no obstante, lo que lleva a tratar el porque de su comportamiento, fue el hecho de que su pareja en un estallido colérico le hiciese saber su imposibilidad de continuar soportando no solo el hecho de que el padre de Luis David cada vez que éste requería de su presencia el acudía prontamente, sino que también esta conducta se había trasladado a nivel trabajo cuando alguno de sus superiores lo convocaba, postergaba con reiterativos argumentos los compromisos familiares contraídos.
Como podemos observar nuestro amigo de forma inconsciente, se sentía culpable al no atender con extrema prontitud un llamado de autoridad, eso le generaba grandes conflictos. No era consciente que la disposición desbocada por acudir iba acompañado de  miedo y una ansiedad silente que socavaba su relación de pareja. El determinar a través de un trabajo terapéutico; que en edad temprana bajo el cuido estricto de su padre, éste no sólo le hacía responder prontamente a su llamado, sino que también le había persuadido durante sus primeros años, con el mensaje sobre la importancia de la jerarquía y que ésta debía ser atendida por encima de todo de forma inmediata, con sus respectivas consecuencias de no cumplir con ello.  
En este caso, el que acudía al llamado de sus superiores y el que se justificaba permanentemente no era el adulto sino la respuesta condicionada o aprendida en la infancia, creando déficit y ausencia de límites. Situaciones similares a la anterior, modificando motivos,  actores y escenarios se repiten en nuestra cotidianidad. Se van interpretando mensajes y conductas que han quedado arraigados en nuestra mente en la edad en que acontecieron, y que al presentarse los conflictos se le dificulta al adulto deslindarse de ellas porque son utilizadas como respuestas inconscientes; requiriendo el apoyo externo necesario para poder determinarlas a fin de resolverlas.


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