Los confundidos

Me he dado cuenta de que es la confusión y no el miedo o la pereza lo que arrebata el éxito de las manos de muchas personas. Simplemente no saben cómo empezar, hacia dónde caminar, qué cosas hacer; se trata de seres humanos desorientados que a veces comienzan un proyecto con timidez y al poco tiempo lo abandonan porque se dan cuenta de que no es lo que querían. Pueden pasarse una vida entera atrapados en un ciclo trágico de enamoramientos y renuncias.
¿Qué hacer, entonces, si tal es mí caso? Yo creo que es la confusión y no el temor o la indolencia lo que más urgentemente reclama el auxilio de un mentor. Nadie debería dar el primer paso si no existe claridad de objetivos, y en el proceso de discernimiento no hay nada que pueda ayudarnos tanto como la visión externa de alguien que nos pregunta con curiosidad y al hacerlo arroja luz sobre nuestra oscuridad interior. Por otro lado, una vez determinado el camino a seguir, un mentor es capaz de “sonar la campana” cada vez que nos desviamos un poco de la ruta.
Hay dos motivos por los cuales las personas no acuden a un mentor: no saben que existen y, segundo, son demasiado soberbias. El primer caso tiene remedio; el segundo, así lo creo, muy rara vez. Hace no mucho tiempo las personas de color eran discriminadas legalmente, la gente fumaba donde le daba la gana y el sexismo permeaba el lenguaje cotidiano y las bromas de los medios de comunicación: la norma era la falta de sensibilidad y el desconocimiento.
Tengo la sensación de que exactamente lo mismo pasa ahora: se privilegia la educación formal –todavía- y se ignora en grandes sectores de la población la absoluta necesidad de las relaciones de mentoría. Esta situación no durará para siempre. Hay signos evidentes de que el paradigma está cambiando y estas palabras que tienes en las manos son una prueba de esto. Más pronto que tarde nos daremos cuenta de que lo que llamamos nuestra vida personal es un trabajo de equipo. Una vida ordenada no es casualidad. Se trabaja en la vida propia como se trabaja en un proyecto académico o financiero; es decir, no podemos dejar al azar o al capricho lo que hemos de hacer cada día.
El que se guía por el capricho terminará conociendo como nadie el infierno de la frustración. Una cosa: el proceso no es sencillo. Quiero decir, el proceso de organizar una vida, crear un sistema existencial y gestionarlo a lo largo de los años, todo esto, no es sencillo. Se precisa paciencia, responsabilidad, disciplina pero sobre todo unas grandes cantidades de amor por la vida, por uno mismo y por los demás. Piensa que cuando estás confundido y vives desde el caos, pierdes toda capacidad de transformación e influencia. Si te sientes identificado con lo que he dicho, no seas tonto y actúa. El tiempo pasa muy rápido y es una temeridad esperar que las cosas se “acomoden” solas, porque eso no va a pasar.
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