Los dos caminos posibles para manejar un conflicto

Los conflictos surgen en nuestro diario vivir. Pero ¿qué es un conflicto? Es un roce, fricción o desacuerdo donde hay un choque de intereses. Nuestra tendencia natural humana es a juzgar los conflictos como algo terrible donde tenemos que defendernos a como dé lugar. Si los viéramos como una oportunidad de crecimiento, podríamos empezar a encontrarle la solución en un nivel más elevado para nuestro ser. Sé que algunos de ustedes se quedarán pensando qué quiero decir con estas palabras.

Para explicarme mejor me viene a la mente una frase de Albert Einstein que dice: «Ningún problema puede ser resuelto por el mismo nivel de conciencia que lo creó». Con esta afirmación les quiero decir que debemos estar dispuestos a trascender la situación, darle a cada parte que la constituye su razón porque cada uno estará defendiendo sus intereses, pero en algún punto, para conseguir llegar a un acuerdo debemos estar dispuestos a poner todo el corazón para que esa salida nos lleve de nuevo a la tranquilidad.

¿Cómo podemos entonces empezar a ver esa luz al final del túnel? La tarea es pasar de comportarnos de forma defensiva, a la cooperación. Nuestro deseo para que esto ocurra debe ser con una meta clara, y esta es que ambas partes sientan que ganan de manera justa y equilibrada. Lo ideal para la resolución de un conflicto es que haya lo que denominamos un ganar-ganar.

Cuando reconocemos las diferencias y necesidades individuales tenemos la apertura necesaria para adaptar nuestra postura y actitud. Aquí es importantísimo atacar al problema que tenemos y no a la persona.

La empatía es otro de los elementos esenciales que nos ayudarán a encontrar una salida en situaciones de conflicto. Debemos hacer lo posible por conectarnos con las necesidades del otro, para ello es importante preguntar cuál es la principal preocupación o dificultad que tiene cada una de las partes y la ansiedad que esto les genera.

Escuchar atentamente y no defenderse en la inmediatez es otra de las claves para bajar los ánimos enardecidos: ¡respira!

He oído que cuando alguien grita es porque tiene lejos el corazón del otro, esto me hace recordar cuando estamos enamorados y hablamos casi en susurro, porque los corazones están cerca. ¿Cómo entonces podemos empezar a acercar de nuevo el corazón?

Debemos reconocer que cada quien tendrá su punto de vista y diferente modo de ver la situación. Tampoco quiere decir que estemos de acuerdo con lo que piensa el otro, pero si verdaderamente deseamos que se acabe el problema y emerja la solución, debemos empezar por abordar esta situación con una pregunta clave que le podríamos hacer a la otra persona para romper la distancia: ¿qué sería lo mejor para ti?, y si la persona insiste en una negativa como: «yo no…». Solo hazle esta pregunta: ¿qué te ayudaría a que sí estés dispuesto? De seguro con estos primeros pasos empezarán a surgir nuevas ideas guiadas por el que sabe lo que es perfecto para ti: tu intuición.

Manejo de las emociones

En una situación de conflicto lo primero que queremos es empezar a echar la culpa, pero en el fondo sabemos que esto no es lo que va a solventar la situación. Por ende, debemos considerar comunicarnos con sentimientos honestos y apropiados.

Con el diálogo podremos abrir todas las opciones y negociaciones posibles, con una perspectiva más de ganar-ganar, donde evaluaremos qué es lo más justo para cada una de las partes, enfocándonos principalmente en las necesidades propias y ajenas, dar énfasis en las áreas comunes si es que las hubiere.

Lo mas sano cuando ya se esté vislumbrando la solución es que los  acuerdos sean claros. Esto será sin duda la pieza fundamental para resolver el conflicto de una vez y para siempre.

Te propongo una vez solucionado el conflicto considerar la reconciliación. Esta es una posibilidad que está tu alcance. Muchas veces negociamos la paz porque queremos tener la razón a como dé lugar, pero esa paz que no tienes te está costando muy cara y se traduce en muchos días de angustia y sufrimiento. El precio que puedes pagar para que se te devuelva esa paz te puede costar orgullo y dejar de un lado el egoísmo. Al final tú decidirás si tu ego domina más que tu corazón y si vivir una vida de conflictos sin resolver te está dando paz.

Para culminar quiero decirles que el escrito se resume en dos cosas muy simples pues la resolución del conflicto va a depender de dos caminos: el camino del miedo (carencia, temor a perder) o el camino del amor (paz, nuevas posibilidades, plenitud). Siempre dependerá de ti la vía que desees tomar. Asegúrate de que sea la que te haga sentir bien contigo principalmente. «Donde puedas amar no te demores». F. Khalo



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