Los errantes vagabundos

La noticia del descubrimiento de un nuevo planeta, similar a la Tierra, en una estrella cercana, la HD 40307 (podrían ponerle un nombre más bonito ¿no?), me trae a la idea de hacer un recorrido por este grupo de cuerpos celestes, entre los que se cuenta nuestro amado globo.

En la época de los griegos la estructura universal era muy sencilla. En el medio de todo estábamos nosotros, la madre Tierra, el centro del universo, plana e inamovible. Alrededor giraban, primero que nada el sol, que diligentemente recorría el cielo de día y el inframundo de noche.

Luego estaba la luna, que hacía cosas un poco más complicadas, pues además de girar en torno a nosotros, se ilumina y se apaga cada cierto tiempo, lo que era un poco difícil de explicar, pero por otro lado, eso nos daba un fácil recuento del tiempo. Cada 28 días se inicia un ciclo: luna nueva, cuarto creciente, luna llena, cuarto menguante y de nuevo luna nueva, eso dio origen al mes y las cuatro etapas la semana.

errantes-vagabundosMás allá del sol y la luna estaba el tercer grupo de elementos: las estrellas, pequeños puntos de luz pegados a la esfera celeste, que seguían también el movimiento regular del sol, girando regularmente alrededor nuestro. Al igual que una pelota que gira, aquellas estrellas que se encuentran más cerca del eje se mueven en círculos más pequeños y al final, hay una estrella que no gira nada, la estrella polar, que nos sirve para indicar dónde esta el norte.

En medio de esta regularidad, había otras estrellas que parecían no seguir las mismas leyes. Avanzan y retroceden por el cielo sin que fuera posible predecir de dónde venían y a dónde se dirigían. Correspondientemente fueron bautizados con el nombre griego de p?a??t?? o ‘planetes’, que significa ‘errante’, ‘vagabundo’. Estos vagabundos se convirtieron en celebridades y recibieron importantes nombres propios: Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

Durante siglos, los sabios se empeñaron en tratar de ponerle orden, de entender el mecanismo de los cielos. Obviamente la Tierra está en el centro, eso lo podemos ver todos y no hay ninguna duda. Todos los demás giran alrededor de la tierra en órbitas circulares, pero así no podemos explicar el movimiento de los obstinados planetas.

Finalmente en el siglo II de nuestra era apareció un gran sabio de nombre Ptolomeo (c. 100 – c. 170) que dedicado a la astrología y a la astronomía y luego de estudiar detalladamente todos los datos conocidos de los movimientos de los planetas, postuló un modelo empírico* para calcular su movimiento. En su obra Almagesto escribe que el sol, la luna y las estrellas giran en órbitas circulares alrededor de la tierra, pero que los planetas giran en órbitas epiciclo-deferentes. Esto significa que los planetas giraban alrededor de un centro que a su vez gira alrededor de la tierra.

errantes-vagabundos2Imagínese que Ud. está en un cuarto y un niño corre alrededor de suyo, pero además, el niño tiene una linterna amarrada con una cabuya y le está dando vueltas por sobre su cabeza. Con las luces encendidas, no hay problemas en entender lo que pasa, pero en la oscuridad, Ud. verá una luz que se mueve a su alrededor, pero que además avanza y retrocede misteriosamente.

El sistema de Ptolomeo fue el fin de la ‘vagabundería’ de los planetas. Estos ya no se movían más en forma errante, sino que tenían un movimiento predecible, complicado, pero predecible.

Con ese modelo los sabios pudieron dormir tranquilos, por unos 14 siglos, hasta que los sabios medievales empezaron a buscarle la caída. Pero esa es otra historia.

 

* A diferencia de los modelos de Platón y Aristóteles, que pensaban en un modelo teórico de cómo funcionan las cosas y luego veían si la naturaleza se comporta así, los empíricos describen cómo funciona la naturaleza y generalmente dejan que otros busquen las razones de ese comportamiento. Por cierto, no está demás decir que Ptolomeo también inventó el horóscopo.



Deja tus comentarios aquí: