Los fuertes están hechos de derrotas

Las derrotas son nuestras mejores amigas, si, esa es mi afirmación inicial en este artículo que en principio lo he pesado como una orientación al éxito. Y seguro dirás: “este amigo está loco! ¿Cómo las derrotas pueden ser mis mejores amigas cuando lo que queremos es triunfar?” y tienes razón al tener esta reacción, pero no dejes de avanzar en tu lectura y no me descartes antes de tiempo, confía en mí.

Vivimos en usa sociedad extremadamente competitiva, vivimos constantemente compitiendo y con nuestra mente puesta en ganar. Todos queremos ganar, eso está claro, pero esa necesidad que tenemos de ganar nos lleva por una senda que nos genera una ceguera de atención, lo que provoca que nos enfoquemos en ganar, pero no nos permite ver y por supuesto aprender de las cosas que pueden suceder en ese camino al triunfo. Ese camino al triunfo es maravilloso y es recomendable aprovechar todo lo que sucede en él. Como dice mi amigo Maikel Melamed: “La vida tiene subidas y bajadas, si solo disfrutas las
subidas… entonces estás disfrutando sólo la mitad de la vida”.
Las derrotas son nuestras mejores amigas y eso lo sostengo ya que he aprendido que los triunfadores y la gente orientada al éxito usa los fracasos como un escalón que los lleve a la cima que persiguen. Por lo general a la gente no le gusta hablar en términos de fracaso, porque no les gusta perder, pero lo que es cierto es que todos hemos fracasado en algo alguna vez en nuestras vidas. La diferencia entre los que logran sus metas y otros es que los primeros saben capitalizar la enseñanza que deja el fracaso o la derrota.
Nada te hará tan fuerte como el fracaso. La preparación es primordial en todo proceso de formación y de persecución de algo importante en tu vida, pero siendo realistas, ningún camino fácil lleva a algún destino atractivo. En la práctica los obstáculos, cambios de planes, dificultades y fracasos están a la orden del día. Al aprender de los fracasos nos permitimos hacer un auto análisis estratégico que nos permite reconocer áreas de oportunidad para mejorar, los aspectos que más afectan nuestro proyecto y algo muy importante: Cómo no lo debo hacer.
Sólo fracasa el que lo intenta, sólo intenta el que quiere triunfar en algo, sólo triunfa el que está orientado al éxito. Si quieres lograr éxito en algún proyecto atrévete a intentarlo, fracasa siempre, aprende y ve por lo que deseas. Recuerda que las dudas matan más sueños que los fracasos. Esta no es una apología a ser un fracasado, todo lo contrario, es una invitación abierta a que siempre persigas algo con suficiente pasión que te permita reconocer las oportunidades que te ofrece cuando no lo logras. Cada persona tiene dos opciones al fracasar: Lamentarse, quejarse y culpar a otro o simplemente aprender de lo sucedido, reconocer donde lo puede hacer mejor y hacer los cambios. La diferencia fundamental entre una persona exitosa y un fracasado es que ambos se topan con la derrota en algún momento, pero el fracasado se rinde muy pronto. No te rindas tan pronto,
ni te sientas abatido de forma definitiva, acude a tu fuerza interna, al aprendizaje que te deja lo vivido y a los dones que Dios te ha regalado. Ten siempre presente que sólo llegan los que no abandonan.
La sociedad de hoy demanda gente orientada al éxito pero con la conciencia puesta en todo lo que puede suceder en el camino a ese éxito soñado. No se trata de ganar por ganar, se trata de aprender, compartir lo que se aprende y ser un factor generador de triunfadores a través de lo que hacemos sin mezquindad.
Sé que las derrotas frustran un poco, pero se fuerte, ellas pueden ser tus mejores amigas en el camino a tus sueños, a tus metas. Es importante ganar, pero aún es más importante ganar cuando tu triunfo ayuda a ganar a otros, cuando el triunfo es colectivo y se genera éxito para todos. Cuando tú ganas, alguien pierde, cuando tú triunfas, todos triunfan.



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