Los Milenarios… transformando mercados en utopías

Si no tuviste uno, seguro conociste al Sr. Cara de Papa en la película Toy Story. De igual forma, estoy seguro que a menos que tu infancia haya ocurrido en la extinta Unión Soviética (donde era prohibido), jugaste Monopolio. Estos son sólo ejemplos de algunos de los productos que la gigante Hasbro ha comercializado por décadas. El Easy Bake Oven (micro hornito en algunos países de habla hispana) es uno de los juguetes insignes de esta marca. Existe desde 1963 y aunque ha tenido mejoras en sus versiones, siempre fue un hornito “mercadeado” para las niñas. Esto hasta que llegó una niña de 12 años llamada Mckenna Pope.

Resulta que al hermanito menor de Mckenna le encanta cocinar, y quería un hornito para navidad. McKenna percibió que algo no estaba bien en cómo se mostraba el producto en la juguetería. En el empaque sólo aparecían niñas y se presentaba en una paleta de colores rosados, fucsias y morados. Ella no sólo sentía que esto excluía a su hermanito con respecto al producto, sino que también fortalecía el estereotipo errado de que las actividades relacionadas con la casa eran sólo para niñas. Acto seguido Mckenna subió una petición en la plataforma www.change.org y el asunto fue viral. Al instante 45000 firmas la apoyaron, además de varios Chefs Profesionales. El caso tomó forma de tour por medios televisivos. Hasbro respondió sabiamente, invitó a Mckenna a la fábrica, la escucharon en persona y como resultado ahora el Easy Bake Oven viene en colores negro y grises. Todos ganan. Gavyn, el hermanito de McKenna ahora disfruta de su micro hornito. McKenna ha comentado que está muy complacida y hasta una charla en www.ted.com ha resultado de todo ello.

Hasbro también debe estar complacido por múltiples razones, y es que no se limitaron a manejarlo como un asunto de relaciones públicas, sino que supieron escuchar a su mercado más importante, la generación milenaria. El hecho que hayan realizado ajustes a su línea de producción, nos indica que hay que tomar acciones para que la intención sea auténtica.

Lo que resulta más interesante, quizá sea que modificaron un producto estrella de la marca por un principio de equidad social y por la simple razón de que estos asuntos son relevantes para las nuevas generaciones. Hasbro, al realizar este cambio, participa de forma relevante en amilanar una problemática que abarca desde el autoestima de la mujer, pasando por discriminación laboral hasta desembocar en gran cantidad de casos en violencia. La problemática de la desigualdad entre hombres y mujeres sin duda es cultural y al cambiar íconos culturales, en este caso juguetes, se da un buen paso para el futuro.

Reflexionemos, un mundo en el que los niños rediseñen los productos para hacerlos más éticos, suena a utopía; pero con la promesa de una generción llena de Mckenna Popes, se siente más realidad que ficción.



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