Los momentos difíciles

Los momentos difíciles

A veces, vivimos circunstancias que no podemos manejar, a pesar de todas las herramientas que tengamos. Alguna situación, una persona, una carta vieja que releamos, una foto del pasado que veamos: dispara algo que estaba dormido o que desconocíamos estaba latente internamente y se despierta ante este detonante. Nos sorprende. Sentimos nuestras fuerzas decaer. Tenemos algún sentimiento que no podemos descifrar. De pronto, comprendemos que es tristeza, que a veces se convierte en rabia escondiéndola; otras, en miedo paralizante. No vemos la salida.

Es el momento de aceptar nuestras limitaciones. Pedir ayuda. Hablar y desgranar lo que nos pasa, lo que sentimos. Dejar fluir libremente lo que vamos descubriendo detrás de la revolución que estamos viviendo. Llorar, si nos nace. Aceptar la tristeza que sentimos, sin evadirla.

La meditación es una herramienta poderosa para lograr estabilizarnos. Podemos recurrir a meditaciones guiadas por personas que signifiquen referentes importantes, si no logramos concentrarnos por nosotros mismos. Hay que aceptar nuestra vulnerabilidad.

Buscar el consejo o la palabra de una persona que resuene, que se condiga con nuestras creencias o inclinaciones espirituales:

Pedir asistencia al universo para que nos guíe en este momento. Estar abiertos a lo que nuestros Espíritus Guías nos hagan ver y permitir nos orienten para recuperar la fortaleza y el sentido de nuestras vidas. Prestar atención a las señales y mensajes que recibamos en sueños, en la palabra de alguna persona, en un hecho que se nos presente. Estar alerta pero en calma y con confianza. Con la seguridad que recibiremos orientación.

Oh, un sacerdote, si somos cristianos. Escuchar lo que nos dice, que será guiado por el Espíritu Santo. Entregar nuestras cargas a Jesucristo. Visitar el Santísimo.

En todos los casos, hablar internamente, expresar lo que sentimos, insistir en bucear en lo que nos pasa, hacerlo desde el corazón. Pedir guía. Aceptar nuestro momento. Sin juzgarnos, criticarnos o culparnos.

Sentarnos en la naturaleza, frente al mar, en la montaña, en el parque, sobre la grama, ver el cielo, las nubes, sentir la brisa en nuestra piel. Permitir cargarnos de la energía que emana de allí. Dejar pasar los pensamientos, entregándonos a las fuerzas de la vida que nos envuelven. Aceptar nuestros sentimientos.

En esos momentos oscuros, no vemos la salida y ésta parece imposible. Pero, nada es permanente. Todo lo que vivimos tiene un motivo. Dejar aflorar algo que estaba oculto, que nos acechaba sin saberlo, nos libera. Todo llega en el momento exacto. Todo tiene solución. A veces, no es la que esperamos. Aceptemos la que se presenta. Seguro que es la mejor. Nos permite pasar a la siguiente etapa que siempre es para nuestro crecimiento. Alegrémonos, quiere decir que hemos superado la anterior y se nos considera listos para  superar nuevos retos.

Por sobretodo, recordemos que somos poderosos y eternos seres espirituales teniendo una experiencia física.



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