Los números del hambre (parte 1)

El que sigue es un trabajo dividido en tres partes basado en los textos «The Environmental Food Crisis» editado por la UNEP (United Nations Environment Programme) y de «Los Alimentos y el Medio Ambiente» editado por el PNUMA (Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente). En la primera parte veremos las estadísticas del hambre, que nos muestran con su contundencia el fracaso de las actuales políticas dirigidas a alimentar a la población. En la segunda, analizaremos las consecuencias que ha traído el aumento de consumo de carne, a la hora de acrecentar la brecha entre alimentados y desnutridos; y finalmente veremos cuales son las aristas en el plano individual, con las que podemos contribuir a disminuir la velocidad de este tren desbocado que puede lanzarnos por un despeñadero.

I

Los estimados conservadores de población prevén que seremos 8 mil millones de habitantes para el año 2050 y eso es mucha gente que alimentar. Los mismos estudios dicen que de no cambiar de manera radical los métodos actuales de consumo y de producción, ese año, que está literalmente a la vuelta de la esquina, será apocalíptico.

La inédita presión demográfica del último siglo hizo que industrializáramos los métodos de producción, pero ello no significa que el camino que tomamos para resolver la demanda fuese el correcto. Queremos convencernos de que formas de producción como el monocultivo o el uso de fertilizantes químicos son la única forma para lograr alimentar a una población que se disparó, pero algo tenemos que estar haciendo mal si hoy la población en extrema pobreza es equivalente a toda la población que había en el planeta en 1850 es decir 1.200 millones de personas.

110.000.000 de nuevos pobres (gente que no lo era antes) y 44.000.000 de desnutridos se contabilizaron únicamente en el 2010 y se estima que la mortandad infantil de menores de 5 años llegue al 25% en algunos países (Banco Mundial, 2008). Números que asustan si entendemos que cada día nacen 200.000 personas y que podrían sumarse a los ya mencionados 1.200.000.000 de personas en condiciones de extrema pobreza. La razón principal detrás de estas estadísticas está en una inflación global en el precio de los alimentos. Inflación inédita si entendemos que esos precios, medidos en FFPI (Índice de precios FAO de la comida, según siglas en inglés), venían bajando desde hace 50 años. Analicemos, entonces, las dos razones principales para que se haya dado ese aumento de precios:

Ineficiencia energética: 40% de los vegetales sembrados en países industrializados se pierde por culpa de los patrones actuales de siembra. Basta con que usted vea los primeros 15 minutos de la película «Los espigadores y la espigadora» para que sea testigo de como una sola industria de venta de papas de Francia bota 25 toneladas al descartar aquellas que no poseen las formas y tamaño que el público exige en los supermercados. Si a esto le sumamos que en este momento 32% de la comida comprada a nivel doméstico en Europa jamás es consumida (termina en la basura) o que 30 millones de toneladas anuales de pescado se pierden (¡25% de la pesca total mundial!) debido a las prácticas actuales; estamos claramente ante un ciclo inmoral en un mundo con hambre. Mas grave aún es que se calcula que de toda el agua potable que usa la humanidad, 75% se emplea en siembra. Basta con que desperdiciemos alimentos o que no los destinemos para consumo humano, y estaremos acabando a la par con el agua con la que contamos.

Siembra para consumo animal: Las tierras aptas para sembrar se están perdiendo a velocidad de vértigo. Medidas satelitales muestran como entre 1981 y 2003 se perdieron por erosión 12% de las tierras arables debido a deforestación, falta de rotación de tierras, prácticas de monocultivo y pérdida de terrenos por inundaciones debidas al derretimiento de glaciares. Ante ese panorama es inaudito que 50 % de todos los cereales producidos en la tierra se estén destinando a alimentar animales y a generar combustible (biodiesel); es mucho más grave si entendemos que 50% del consumo calórico mundial proviene de cereales, por lo que su mal uso es catastrófico. De hecho la merma de cereales destinados a consumo humano ha bajado los stocks de reserva (hoy es apenas de 66 días), lo que exponencia la especulación.

Como bien dice PNUMA: «A la hora de establecer recetas en contra del hambre debemos volver la mirada hacia los pequeños campesinos porque estos son hasta 20 veces mas eficientes que los agricultores industriales si medimos el rendimiento de producción por hectárea, en parte porque no tienen otra alternativa»… Sigue

 



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