Los nuevos valores de la familia

Hoy no es difícil escuchar hijos hablando con total naturalidad de la novia o del novio de su papá o mamá. Hace décadas que el “hasta que la muerte los separe” se ha venido transformando.

Las relaciones han cambiado. Por ejemplo: un gran porcentaje de las personas que estrenan rol de padres han pasado la mayor parte de su infancia en instituciones de cuidado infantil. Por otro lado, las familias, sobre todo en los niveles socioeconómicos medio-alto tienden a ser más reducidas, debido a que ha cambiado el rol de la mujer que ya no se tiene que dedicar únicamente a su casa. Antes, cuando el hijo crecía, la madre se veía obligada a revalidar su rol, y por ello se dedicaba a criar un hijo tras otro.

Parte del nuevo contexto incluye la obsolescencia del rígido reparto de roles y de la guiatura de los preceptos religiosos. El modelo patriarcal, en el que la jerarquía aprobada ubicaba al hombre en la cima, por debajo a la mujer, y mucho más abajo a los hijos, ha caído en desuso. Sin embargo, no dejemos de tomar en cuenta que muchas familias aún lo practican, y estas deben convivir con las que no lo hacen.

En nuestra sociedad, los niños quieren dejar su condición infantil lo más pronto posible, al tiempo que se prolonga la adolescencia, dándose así un fenómeno que han llamado “adultescencia”.

Esta realidad hace que se despliegue un gran número de interrogantes, tales cómo: ¿qué hacer si encuentro a mi hijo de once años fumando?, ¿qué le respondo a mi hija de catorce años que quiere ir a una pijamada a la que están invitados chicos y chicas?, ¿de qué manera puedo rescatar el diálogo en mi familia, si mis hijos no se despegan de los videojuegos?

En nuestro mundo ya no se sabe bien qué es lo que se debe hacer, las normas que marcaban lo correcto o lo incorrecto se han diluido. Es cierto que los representantes familiares cuentan con más apoyo basado en investigaciones y especialistas en la educación de la infancia, aunque, también es ciertos que los expertos muchas veces están en desacuerdo en relación a las decisiones más apropiadas.

La familia, como toda institución humana, es producto de la cultura; por lo tanto, está sujeta a cambios y modificaciones. Mencionemos algunas tendencias de comportamiento que por su carácter reiterativo constituyen parte importante de los nuevos valores de la familia actual.

  • Matrimonios y divorcios múltiples.
  • Los hombres cada vez integran más aspectos femeninos, y las mujeres aspectos masculinos: la feminidad ha dejado de ser un sinónimo de fragilidad. Esta igualdad de género hace que cada vez existan más familias en las que la mujer sale a trabajar y el hombre se quede a lavar la ropa y a cuidar a los hijos.
  • La alternativa de vivir solo, de optar por la soltería, es cada vez más aceptada por la sociedad.
  • Se permiten variadas formas de convivencia. Las parejas abiertas o liberales que invitan a terceros a sus prácticas sexuales o que asisten a clubes de swingers, son parte de nuestra cotidianidad.
  • La procreación a partir de la reproducción asistida genera todo un tipo de “nuevos padres”.

Estas situaciones nos demuestran que hemos transitado de un paradigma simple, a uno complejo, impactado por la globalización. Por lo que hoy en día se ha de desplazar el acento de lo restrictivo – sancionador, hacia lo comprensivo – reparador.

Merecen recordarse las palabras del escritor y político estadounidense Henry Demarest Lloyd: “Las iglesias van y vienen, pero sólo hay una religión verdadera: la conciencia en acción”.

 



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