Los otros

Recordando la laureada película de Alejandro Amenabar «Los Otros» protagonizada por Nicole kidman, nos pasea brillantemente por entradas y salidas  a distintas habitaciones en penumbras para posteriormente quedar cerradas con la instrucción precisa de prohibido abrir, de ventanas cubiertas con espesas cortinas impidiendo el paso de luz. Situaciones que evocan conductas similares de nuestra vida a las cuales  no queremos regresar, posiblemente por dolorosas,  y solo a veces para descubrir que  los otros  no habitan en el exterior  sino que forman parte y se convierten en  una compañía  que pocos  queremos ver y muchos nos esforzamos en señalar.

Alimentamos la idea de que los seres humanos que nos vamos encontrando en el camino y de muchos que se involucran en nuestra vida,  contienen en si mismos una serie de fallas de fábrica  que nosotros  no poseemos. Nos resulta sencillo resaltar los defectos de los otros, y mientras lo hacemos nos invade un aire de absoluta superioridad que nos coloca  en vuelo directo al Olímpo sentados al lado del mismo Zeus con el cartel adicional que reza «yo no soy así», «no tengo ningún parecido con ese o esa». Frase esta que se convierte en juicio y nos garantiza  el no escudriñarnos, realizar el trabajo que nos corresponde y que no es otro que  el de revisar nuestras propias carencias, miserias y fantasmas que cohabitan en cada uno y que muchas veces nos hace formar parte de una mayoría que nada tiene que ver con los otros.

El llevar adelante el trabajo de reconocernos y aceptarnos tal cual somos, comprende varios elementos: validar y respetar las experiencias, referencias y creencias que sustentan determinadas conductas, permitirnos entrar en espacios internos propios que muchas veces hemos blindado y que el otro nos muestra, por ultimo anteponer esa condición humana que preserva el derecho a lo distinto sin que ello signifique riegos.

Sabemos que no es sencillo, culturalmente se nos refuerza a dejar de lado lo que no se parece, lo que no indica similitudes, coincidencias, inclusive muchas veces se descalifica y se intimida sin mediar. 

Debemos preguntarnos cuanta disposición tenemos a una comprensión o a una lectura distinta de lo que nos refleja el otro, que genere coherencia y entendimiento hacia una convivencia con matices y con aportes que sustenten un crecimiento y nos nutra como sociedad.

 



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