Los parques temáticos o mi obsesión ecológica

Acabo de llegar de pasar tres días en uno de los famosos parque temáticos de la ciudad de Tampa en Florida y debo confesar que no me gustó nada.

Un parque temático puede definirse como un inmenso lugar donde niños y adultos pueden disfrutar de grandes atracciones mecánicas en torno a una línea argumental que sirve de inspiración. Generalmente ciencias, matemática y ecología son los temas más representativos que van ligados a estos mega proyectos.

Pues bien en el caso de mi reciente visita a uno de ellos pude comprobar que, aparte de crear una ola de alaridos por el estrés que supone lanzarte en caída libre desde 200 pies de altura a 90 grados de inclinación, allí no hay nada educativo.

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Encontré el parque bastante sucio y descuidado pese a que en cada esquina te tropiezas literalmente con un chico uniformado de guía de zoológico, quien con cara de pocos amigos te pasa la escobilla por los pies.

Pero lo que me ha parecido más patético aún es que en medio de esa masa de hierro fundido que son las atracciones, los gritos de pavor de los visitantes, las sodas y los pegostes de helado por doquier, se encuentren los pobres animales.

Cuatro cheetas caminan tristes y aburridas por debajo de una de las montañas rusas más populares del parque. A su alrededor se pueden observar, seis jirafas, dos rinocerontes, unas cuantas cebras y muchas garzas. Estas especies deben lidiar con los estruendosos fuegos artificiales que a diario y durante las noches retumban para despedir a los visitantes.

Honestamente no veo nada de ecología en esos parques. No entiendo de qué manera se puede educar a las personas sobre conciencia ecológica y cuidado de las especies en un lugar que nada tiene que ver con hábitat natural y conservacionismo.

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De allí salimos exhaustos de tanto grito y excitación y sin un gramo de motivación hacia la conservación de mi entorno inmediato y mucho menos del planeta.

Por más que lo intenté no pude encontrar un solo punto en común entre las montañas rusas o «roller costers» y la zoología. Les pregunté a mis hijas quienes disfrutaron a morir de las atracciones, pero tampoco fueron capaces de enlazar parque temático con equilibrio ambiental.

Como dije al comienzo de mi escrito la experiencia no me gustó. La fusión de concreto y acero con naturaleza no la comparto. Mucho menos cuando se comprometen el equilibrio ambiental y la protección de la fauna en beneficio de un proyecto empresarial. Creo que hace falta una mayor conciencia ecológica al respecto.

 



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