Los riesgos del positivismo falso

Desde hace algunos meses que, junto al equipo editorial de Inspirulina, corrijo, programo, edito, y por supuesto leo detenidamente todos los artículos que se publican en este sitio, y tengo que confesar que definitivamente ha sido una de las tareas más enriquecedoras y uno de los trabajos más gratos que me ha tocado hacer en la vida. Creo que por más enamorado que estés de tu trabajo, no puede ser igual tener que cubrir la fuente de sucesos y pasar tu jornada laboral expuesto a noticias ingratas, que recibir dosis de inspiración, buena vibra y consejos alentadores todo el día. De manera que, soy realmente afortunada.

Lo anterior viene a colación porque en estos días me llamó la atención un artículo en El Mundo de España que trataba el tema del optimismo de una forma muy particular. El texto se titulaba «De optimismo también se muere«. Y claro, ahora que paso mis horas leyendo sobre entusiasmo y positivismo, me estremecí.

volando felizEl asunto es que de acuerdo con la autora del artículo, en los últimos años ha surgido –seguramente como respuesta al actual contexto de crisis– una ideología que ella llama «buenrollista», es decir, una tendencia a querer rodear todo lo que sucede de cierto «positivismo falso» o a usar eufemismos para describir situaciones que son obviamente graves, difíciles o negativas. Donde antes se hablaba de divorcio ahora se dice que «te han dado una oportunidad para rehacer tu vida»; si te han despedido afirmas que estás «en una etapa de transición» y así, hasta el punto de que no ser «buenrollista» o no apuntarte al discurso del optimismo fácil te convierte automáticamente en un ser gris, negativo, perdedor.

Si profundizamos un poco más, entonces entra la psicología y dictamina que el exceso de falsa motivación puede generar un efecto perverso que se traduce en una frustración enorme cuando el individuo no consigue ajustar sus expectativas en torno a una situación particular.

punho2Mi humilde opinión es que «ni tan calvo ni con dos pelucas», como todo en la vida. Cada uno de nosotros, como seres emocionales y vulnerables que somos, habremos de experimentar en cualquier momento de nuestras vidas (y quizás más veces de las que quisiéramos), sensaciones de angustia, pérdida, melancolía, en fin… pero cualquier esfuerzo por tratar de ver las desgracias y los problemas con un poco de positivismo, de esperanza y de valentía no puede hacerle mal a nadie. Por otro lado, tampoco quiero decir que ante una situación difícil es mejor taparnos los ojos, hacernos los locos y dibujarnos una sonrisa forzada en la boca. Nada de eso.

Claro que este es un tema que puede verse desde diversos ángulos y habrá quienes argumenten que es un asunto de superficialidad versus pensamiento crítico, etc. Es válido. Por mi parte, creo que me declaro «buenrollista» aunque me tilden de ingenua o superficial. Si algo tengo muy claro es que si se cae el mundo a mi lado, prefiero disfrazarlo de flores y sonrisas que lanzarme al barranco o quedarme de brazos cruzados.



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