Los tres círculos de las relaciones humanas

Los tres círculos de las relaciones humanas

Durante una conferencia multitudinaria donde tuve la oportunidad de ser el speaker, trabajamos aspectos de las emociones aplicadas al desarrollo humano. En uno de los momentos de compartir de los participantes, en medio de ese millar de personas, se alzó una mano un poco temblorosa, tímida tal vez, con ganas de preguntar.

Digamos que se llama Helena, quien, poniéndose de pie, expresó: “Está muy bien desde lo racional lo que estamos hablando; sin embargo, yo siento que me confundo cuando necesito saber dónde colocar a las demás personas de mi entorno, respecto a mí”.

Se hizo un silencio. En ese espacio probablemente todos pensamos en nuestras creencias y todos los mandatos familiares con los que fuimos criados: “debes amar a tu familia”, “tu padrino será como tu padre cuando este fallezca”, “debes rendirle respeto a las personas que saben más”, y tantas otras afirmaciones.

¿Te imaginas cuánto nos atan y nos definen, ya de adultos? ¿Puedes visualizar la cantidad de lazos invisibles que nos amarran, cuando no nos hemos tomado el trabajo de desatarlos y actuar por nuestra cuenta? ¿Cuántos de esos paradigmas están firmes en ti y dominan tu vida?

Estas preguntas, esenciales en la vida de todos los seres humanos, muchas veces quedan escondidas detrás de la costumbre, los hábitos o las cosas que hacemos en automático.

Trabajando con Helena un buen tiempo en la conferencia, pude apreciar su fortaleza y su necesidad de libertad. ¿Por qué? Porque se sentía totalmente atada a su familia de origen: había crecido en un entorno muy rígido, con mensajes duros sobre cómo debía comportarse. Esto la hizo ir perdiendo de a poco su encanto y luz interior, según ella misma definió.

Uno de sus principales problemas aparecía con su hermana mayor, con quien comentó que no se sentía a gusto. Pero como los mandatos regían en ella, vivía con culpa y sin poder poner límites. Literalmente, se obligaba a estar cerca de ella aunque lo pasara pésimo. Tampoco podía decirle no, y menos ponerle límites.

• Las relaciones humanas

En términos generales, las relaciones entre personas son los nexos que establecemos a partir de la comunicación verbal y no verbal, las conductas y las experiencias. Esta vida de relación es la que hace su parte en formar nuestra personalidad.

Se afirma que las relaciones personales se dividen fundamentalmente en dos grandes grupos: las primarias, que se asocian a los instintos humanos, y las secundarias, en las que se unen por un motivo que sea funcional a alguna de las partes.

• Los tres círculos de las relaciones

En aquella conferencia surgió este modelo que dibujé por primera vez. Se trata de un sistema sencillo para visualizar el universo de relaciones interpersonales de cualquier ser humano.

Básicamente, en término de relaciones interpersonales, postulo que es posible ubicar las relaciones en tres círculos: el externo, de superficialidad; el medio, de entrega controlada; y el del centro, de entrega total.

¿Para qué sirve este modelo que compartí con Helena y los demás participantes? Para autodiagnosticar casi de inmediato en qué espacio de los tres círculos estás participando en esa relación, en el momento presente de tu vida.

Cualquier persona puede haber tenido grandes amigos en sus primeros años en la escuela; son buenos para recordar anécdotas de todo tipo. Sin dudas atravesamos muchas cosas, y lo pasamos muy bien. Ahora, mirándolo desde el presente: ¿son funcionales en tu presente? ¿Te permiten llevar a la acción las cosas y concretar mis metas y anhelos? ¿O solo es un anclaje en la nostalgia y el pasado (recuerdos valiosos, por cierto)? Son diferentes perspectivas a considerar. No le resta mérito a aquella amistad del colegio. El problema aparece si estás apegado a aquella experiencia, y hoy no te permite avanzar en algún aspecto. Por ejemplo, creer fantasiosamente que esos vínculos a los que hace más de veinte años que no frecuentas estarán iguales que en aquel tiempo.

Para poder graficar claramente en qué lugar ubicas a las demás personas respecto a ti, puedes hacer este ejercicio de observación consciente (sin que esto sea una mera clasificación dura), y determinar en qué círculo de cercanía están contigo, desde tu perspectiva.

Cuanto más lejos los sientas o quieras tenernos, es posible dejar de sentir la culpa o el resentimiento, o cualquier otra emoción, puesto que no tienen injerencia directa y práctica en el hoy de la vida. Ubícalas en ese círculo.

Por el contrario, cuanto más cerca, mayor involucramiento (incluso si no me gustan las personas; lo cual se puede dirimir en términos de una elección: seguir o no seguir en ese vínculo). Colócalos donde las sientes, hoy.

• Conoce las características de cada círculo

CÍRCULO DE SUPERFICIALIDAD: son relaciones ajenas, distantes y lejanas. Quizás tengan un objetivo en común alguna vez (por ejemplo, salir a bailar, a cenar o compartir un momento en un cumpleaños); aunque la vida podrá seguir sin problema alguno si no frecuentamos a esta persona.

1. Suele haber cierta lejanía corporal, o cercanía pasajera.
2. Pueden fingirse situaciones para pasar el momento.
3. El resultado final no aporta nada sustancioso ni significativo. Muchas veces hay sentimiento de haber perdido el tiempo.
4. Las conversaciones son superfluas y, por lo general, para pasar el rato, vacías de contenido.

Lo importante es reconocer que incluso una persona que fue muy cercana puede estar en este círculo. Hermanos; familia; compañeros de trabajo actuales o pasados; relaciones ocasionales; ex parejas. Todos pueden conformar este espacio de “conocidos allá lejos y hace tiempo”, que no son determinantes de mi presente, ni suman algo de gran valor.

CÍRCULO DE CONTROLADA: estas relaciones son de ida y vuelta, basadas exclusivamente en la conveniencia. “Yo te doy, tú me das” es el lema. Esto no significa aprovecharse del otro, simplemente es el signo que las distingue. Es una categoría de puro intercambio.

1. Por lo general, es transaccional (se intercambia algo).
2. Uno depende del otro, aunque no para siempre. No hay demasiado compromiso, e incluso pueden terminarse de un momento a otro. Es el caso del vínculo con un cliente. Quizás pase a ser superficial o al círculo íntimo; aunque estos son casos contados.
3. Cuando no hay contraprestación, no existe el vínculo.
4. Puede ser totalmente utilitarista y esporádico. En contados casos, se transforma el vínculo pasándolo al círculo de entrega total.

Una vez más, todo tipo de relaciones humanas pueden estar aquí, inclusive la familia de sangre. Esto no es bueno o malo; simplemente, es. Mientras exista un beneficio para las dos partes, uno entrega, el otro recibe, y hay una recompensa de por medio. El caso más presente es el de un vendedor con un cliente; o de una familia que vuelve a reunirse tras mucho tiempo (por ejemplo, en Navidad), aunque no tengan ni las más mínimas ganas de hacerlo.

CÍRCULO DE ENTREGA TOTAL: es la esencia nutricional del alma y el espíritu. Son ese pequeño puñado de personas que pueden cambiar la vida. Aquellos insustituibles siempre en este momento presente, tu hoy.

1. Se puede compartir de todo, y estará bien, más allá de que haya chispazos de vez en cuando.
2. No se bloquea el afecto, las discrepancias, el compartir, el silencio, el apoyo y la ayuda.
3. Se comparte lo que se tiene; y si no hay, se comparte igual. Son compañeros de ruta.
4. Promueve la fortaleza interna, la motivación, la determinación y la persistencia. Son apoyos esenciales en la transformación de la vida.

Este es el círculo de los elegidos mutuamente. Pueden ser personas totalmente distintas en muchos aspectos, aunque hay algo que los une. Son los hermanos elegidos, el médico que te salva la vida, el que te conoce en tus peores momentos y sigue firme acompañando; el que contiene, consuela, y viceversa.

Es por lo general muy poca gente; contada con los dedos de una mano. Es tal la calidad de este vínculo que si se rompe, será prácticamente imposible colocarlo ni siquiera en el círculo de superficialidad; se lo vive muy crudamente, y en ocasiones, se lo deja morir, detrás de los recuerdos de los buenos tiempos.

Con esta síntesis, podrás determinar qué situaciones interpersonales te angustian o complican en este momento. Ubica a las personas en el círculo que sientes que representan. De esta forma te será más sencillo desprenderte del apego, que son las ataduras emocionales que quizás conserves. Habrá que ver si la otra parte lo vive de la misma forma.

También te servirá para soltar más fácil y rápidamente a las personas. En cualquier caso, la aventura humana no se vive solos, se hace en conjunto. Y eso es lo maravilloso que tenemos mientras estamos en este plano físico.

Imagen de Joseph Redfield Nino en Pixabay 



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