Los vagabundos ya no son tan errantes

Por mucho tiempo se pensó que el Universo estaba compuesto por la Tierra, en el centro, el Sol y la Luna girando a su alrededor, las estrellas un poco más allá, y cinco cuerpos especiales, que tenían movimientos extraños, de ahí su nombre de planetas o errantes vagabundos, llamados Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno.

Ese movimiento errático es todavía famoso en estos tiempos, es muy utilizado por los astrólogos para predecir casi siempre cosas funestas, y es llamado movimiento retrógrado. Júpiter está retrógrado, por lo que hay que tener mucho cuidado, se oye decir por ahí.

La primera explicación del movimiento de los planetas se la debemos a Ptolomeo (c. 100 – c. 170), en la famosa Alejandría, quien propuso un movimiento circular alrededor de un centro, que era el que giraba alrededor de la Tierra, los epiciclos.

El modelo de Ptolomeo funcionaba bastante bien, pero conforme pasaban los siglos y las mediciones de los astrónomos se hacían más exactas, se empezaron a notar muchas imperfecciones; muchas diferencias entre lo que decía el modelo y dónde estaba realmente un planeta, lo que obligaba a introducir más y más epiciclos.

Finalmente un polaco, Nicolás Copérnico (1473 – 1543), matemático, astrónomo, jurista, físico, clérigo católico, gobernador, administrador, líder militar, diplomático y economista, decidió que había que cambiar el modo de pensar. La idea de Copérnico era revolucionaria: nada más y nada menos que quitar la Tierra del centro del universo y poner al Sol.

Ahora eso nos parece una tontería, pero en aquel entonces era difícil y hasta peligroso. Primero porque iba contra el sentido común: ¿cómo no va a estar la Tierra en el centro si es evidente que el que se mueve es el Sol? Y después estaba la Iglesia, que no aceptaría menos que ser el centro del universo. ¿Cómo iba a estar el sol en el centro y la tierra tirada por ahí? ¡y nada menos que en el tercer puesto!

Por supuesto que Copérnico no quería tener esa clase de problemas y aunque gran parte de su teoría era comentada por la comunidad científica de su época, con los que se comunicaba por carta, no tomó ningún riesgo y su libro, De revolutionis orbium coelestium (Sobre las revoluciones de las esferas celestes), no fue publicado sino después de su muerte.

vagabundosEl siguiente hito importante de la astronomía y del conocimiento de nuestros errantes vagabundos lo puso Galileo Galilei (1564 – 1642) a comienzos del siglo 17, con numerosas observaciones con el recientemente inventado telescopio. Demostró, entre otras cosas, que había montañas en la luna, que había más estrellas que las que podían observar con el ojo humano y el más famoso, la existencia de los satélites de Júpiter. Todos hemos oído hablar de los problemas que tuvo Galileo con la Iglesia Católica por sus afirmaciones, fue obligado a retractarse, aunque dicen que murmuró al final ‘Eppur si mueve’ (y sin embargo se mueve). La Iglesia finalmente reconoció su error y se disculpó… 360 años después de la muerte de Galileo, el 31 de octubre de 1992.

Otro descubrimiento importante es el de Johannes Kepler (1571 – 1630) que observó que las órbitas de los planetas no eran sencillos círculos sino elipses. Eso le producía mucha angustia, pues siendo profundamente religioso, no entendía porqué Dios había escogido una trayectoria tan complicada, si tenía a la mano el sencillo círculo. Este problema no fue resuelto hasta 1917, cuando la teoría de la relatividad de Einstein demostró que los planetas se mueven en línea recta, la trayectoria más sencilla posible, sólo que por la curvatura del espacio, la vemos como una elipse.

Luego tenemos dos descubrimientos importantes, el del planeta Urano, el 13 de marzo de 1781, por el astrónomo William Herschel (1738 – 1822) y el de Neptuno, el 23 de septiembre de 1846, por Johann Galle (1812 – 1910). Este último descubrimiento es especialmente interesante, porque este planeta fue predicho por Urbain Le Verrier, (1811 – 1877), quien basándose en ligeras perturbaciones de las órbitas de Júpiter, Saturno y Neptuno, calculó que debería haber un planeta desconocido hasta el momento que produjera esas perturbaciones y dónde debería estar. Galle apuntó su telescopio a la posición predicha por Le Verrier ¡y allí estaba el planeta desconocido! que fue bautizado después como Neptuno.

vagabundos2En 1930 Clyde W. Tombaugh (1906 – 1997) descubre el noveno planeta de nuestro sistema solar, que fue llamado Plutón, pero la Unión Astronómica Internacional lo degradó en el año 2005 a la categoría de planetoide o planetas enanos. Además de Plutón, se han descubierto otros planetoides o planetas enanos como Ceres, Eris, Makemake y Haumea.

Como podemos ver entonces, nuestro querido Sistema Solar es bien complejo: un sol en el medio, ocho planetas, cuatro planetas enanos, ciento setenta y nueve satélites alrededor de los planetas y más de dos millones de asteroides. Más alejados de las órbitas de Neptuno y Plutón se hallan el Cinturón de Kuiper y la Nube de Oort que se piensa albergan entre uno y cien millones de millones de cuerpos (100.000.000.000.000) entre cometas, asteroides, meteoritos, etc.

Un poco diferente de aquella sencilla representación de nuestros sabios antecesores… y de nuestro sentido común que se empeña cada mañana en ver salir el Sol ¡para iluminarnos a nosotros!



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