Luces y sombras del hito poblacional

La última semana de octubre de 2011 fue la semana del pánico demográfico. Según las estimaciones, en uno de sus días nació el ser humano número siete mil millones. La especie Homo sapiens alcanzó con él o con ella el mayor número de individuos vivos al mismo tiempo que ha tenido jamás en la historia de la Tierra. Y parte de esos individuos vivos de esa especie en cuestión ha estado viendo la noticia en los medios del mundo y se ha hecho preguntas razonablemente atemorizantes, cuando no es que se ha dejado llevar por el terror.

¿Habrá comida suficiente para tanta gente? ¿Qué va a pasar con el crimen, que en general está subiendo en casi todas partes? ¿Cómo vamos a hacer con la escasez de tierra cultivable, con la merma de las pesquerías en los océanos y los ríos? ¿Cuánta energía hará falta para proporcionar fuego, climatización y movilidad a todo este gentío, y a cuánto llegará entonces el precio del petróleo y el calentamiento global? ¿Tendremos que talar los bosques amazónicos y luchar por los pozos?

En las próximas décadas veremos toda suerte de respuestas teóricas y prácticas a esas preguntas, y también numerosos conflictos en torno a ellas. Por el momento, hay unas cuantas cosas claras que debemos tener en cuenta sobre el significado de que ya somos más de siete mil millones los que intentamos salir adelante en este planeta que tanto hemos aprovechado.

En primer lugar, este hito de los siete millardos de habitantes lo alcanzamos tres años después de que pasamos por otro no menos importante: en 2008, por primera vez, somos más las personas que vivimos en ciudades que las que viven fuera de ellas. Sumando todas las poblaciones rurales de todos los países, no son más que la suma de las poblaciones urbanas.

chicago skylineLa ciudad es el hábitat humano mayoritario de la era contemporánea. Varias de ellas han alcanzado tamaños asombrosos, con más habitantes por sí solas que unas cuantas naciones, y con distintos grados de capacidad para responder a los desafíos que eso implica: Tokio es la mayor área metropolitana del mundo, pero funciona mucho mejor que la nigeriana Lagos, por ejemplo. De manera que todo lo que podamos investigar, divulgar y discutir acerca de cómo vivir mejor en las ciudades, significa trabajar por una mejor calidad de vida para la mayoría de la gente.

En segundo lugar, el problema no es solo que somos muchísimos, sino que en un par de décadas vamos a ser muchísimos viejos. El ritmo en que están naciendo niños ha descendido -de otro modo hubiéramos llegado a los 7 millardos hace años- y eso significa que se va a reducir la población en edades productivas, mientras que habrá mucha gente fuera de ellas que igual consumirá recursos sin contar ya con la productiva energía de la juventud. O sea, dejamos atrás, como planeta, el bono demográfico, el momento en el que la mayor porción de una población está dentro de las edades más activas y que una sociedad debe aprovechar para trabajar duro y dar el salto hacia un mayor desarrollo.

Como alerta Joel Kotkin en New Geography, hay 59 países con tasas de fertilidad inferiores a las que deben tener para mantener el tamaño de sus poblaciones. O sea, que de seguir a un ritmo que suele ser de dos hijos por mujer, se encogerán. Algunos de ellos, como Canadá, han optado por resolver ese problema recibiendo a 250.000 inmigrantes al año (muy bien seleccionados).

Pero hay otros que incluso son economías emergentes, como Irán, Brasil y China, que están teniendo menos bebés por mujer que en Estados Unidos. La política de un solo hijo por familia, con la que China decidió detener su explosión demográfica hace unas décadas, ahora pone en duda su crecimiento económico futuro.

Cuáles países tendrán más gente y cuáles menos cambiará el mundo, pero no es solo un asunto numérico. India puede superar a China como el más poblado cerca de 2030, pero está debajo del «gigante asiático» en alfabetismo, industrialización y producción de alimentos. China tiene casi mil millones de habitantes más que Estados Unidos, pero no ha superado a éste como la mayor economía.

La clave para manejar el incremento poblacional serán el desarrollo sustentable y su rostro político, la democracia. No hay otro camino. Con distintas soluciones para proveer vivienda y transporte, con valentía e ingenio para atender la demanda de alimentos, con conocimiento y consensos para explotar los recursos sin agotarlos, un planeta con más de siete mil millones de personas puede disminuir el impacto de sus desigualdades y sus amenazas. Todo depende de que ciudadanos y gobiernos veamos esto como una oportunidad, y no como el principio del apocalipsis.

 



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