Luego de vacaciones, ¿por qué me siento mal?

Luego de vacaciones, ¿por qué me siento mal?

Este año mis vacaciones fueron un poco más dilatadas de lo habitual. Dos meses fuera del trabajo. Regresé a mi ciudad el domingo y el lunes ya estaba en la oficina detrás de mi escritorio. Me llamó la atención que, desde unos días antes a la llegada, mi apetito había disminuido, me costaba conciliar el sueño durante la noche, sentía un poco de somnolencia e incluso angustia.

En esta oportunidad me dije a mí mismo que tal vez se podía tratar del estrés que genera el viaje, el paso por aeropuertos, la espera, el retraso de los vuelos, etc. Pero mi preocupación comenzó cuando estas alteraciones del bienestar se mantuvieron, incluso se acentuaron, al transcurrir los primeros días de trabajo.

¿Qué estaba pasando? Le consulté a un amigo psicólogo que, luego de escucharme, me dio unas palmaditas en el hombro y me dijo que la transición entre las vacaciones y el trabajo había sido muy brusca. «Estás padeciendo el síndrome postvacacional» puntualizó.

Ahora bien ¿de qué trata todo esto?

El síndrome postvacacional se puede definir como un conjunto de síntomas que se producen cuando el proceso de adaptación entre el momento del ocio y de actividad fracasa; esto hace que nuestro rendimiento en las actividades cotidianas sea menor a lo esperado. Dicho de otro modo, no se produce el adecuado acoplamiento a la vida laboral y por tanto no existe coordinación entre lo que la rutina nos exige y lo que nosotros podemos ofrecer. Ha habido entonces un cambio repentino de nuestro ritmo biológico rutinario.

Según el Dr. Antonio Yusta, Neurólogo del Hospital USP San Camilo de Madrid, este síndrome puede durar de 10 a 14 días y reconoce que si los síntomas persisten más allá de este tiempo es mejor acudir al médico.

¿Cuáles son los síntomas que acompañan a este síndrome?

Son variados, no necesariamente se presentan todos a la vez y su intensidad varía entre las personas que lo padecen. En algunas personas pasan desapercibidos y otras pueden ameritar medicación. Entre los síntomas podemos tener:

  • Debilidad o astenia.
  • Trastornos en el sueño: insomnio durante la noche y somnolencia durante el día.
  • Intolerancia al trabajo: sensación de desidia y hastío.
  • Cambios en el carácter con cierto grado de irritabilidad.
  • Pérdida de la capacidad de concentración.
  • Falta de apetito.
  • Aumento de la frecuencia de cefaleas en pacientes migrañosos.

¿Qué debemos hacer para evitarlo o disminuir su intensidad?

Según la Clínica Universidad de Navarra, el remedio está en evitar su aparición. A pesar de que durante las vacaciones podemos ser un poco más relajados en relación al horario de dormir y de comer, tratar de mantener cierta regularidad nos permitirá mantener nuestro biorritmo.

Se recomienda volver de vacaciones por lo menos dos días antes. Esto hará que nos podamos adaptar paulatinamente a los horarios habituales de comida y sueño, permitiendo así que el cambio no sea brusco ni dramático.

Por último, si mantenemos una actitud positiva y asimilamos que este es un proceso que se autolimita en el tiempo, haremos que esta etapa de adaptación transcurra de una manera más rápida y llevadera.



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