Mala leche

Tenía toda la intención de escribir sobre Yoga, pero algo que me ocurrió en el automercado me empujó a abordar un tema que ya hacía rato que me asediaba. Me encontraba en este automercado en el que las colas para pagar son interminables y lentísimas, dándote tiempo para hacer amistad con los compañeros de cola, y hasta para detallar lo que compran tus vecinos (práctica que se ha hecho común en la nueva Venezuela para detectar si alguien lleva algún producto en escasez).

Pues bien, resulta que el señor delante de mí llevaba ¡16 litros de leche! Yo tomo leche de vez en cuando, pero realmente me da igual tomarla o no tomarla. Antes de volver al país acostumbraba tomar más que todo leche de almendras, arroz o soya y realmente compraba leche cuando quería hacer Toddy (bebida achocolatada, mea culpa). Al principio, cuando estaba recién regresado, me llamaba mucho la atención la desesperación con la que los venezolanos perseguían la leche por los automercados. Siete años después,  no termina de asombrarme que aquí la gente no compra un litro de leche, en Venezuela la gente compra  una caja de leche.

Convencido de que este hábito no es más que producto de la desinformación, me gustaría compartir con ustedes mi punto de vista sobre el tema. El siglo pasado la industria láctea utilizó una cantidad importante de recursos en convencer al público sobre la necesidad de continuar ingiriendo leche luego de haber dejado atrás la edad de lactante (siendo la única especie del planeta con esta supuesta “necesidad”. El argumento usado para esto fue la supuesta exclusividad de la leche en su aporte de calcio. Abajo incluyo una tabla comparativa del contenido de calcio de diferentes alimentos.

El mito del calcio y la leche

Alimento         Contenido de Calcio[mg]

Wakame (algas)          1.300

Sardinas                        443

Almendras                    233

Perejil                            203

Berro                             150

Caraotas                     135

Leche                         119

A pesar de que el yoga recomienda una dieta lacto-vegetariana, es importante mencionar que cuando inicialmente la leche fue introducida en la dieta hindú, hace miles de años, era recetada para suplir los déficits de niños desnutridos, dado su alto contenido de proteína y grasa. De hecho, la medicina Ayurvédica establece que la leche sólo debería ser consumida por personas de fuerte digestión que necesitan ganar peso. También vale la pena mencionar que estudios estadísticos muestran que la mayoría de la gente es alérgica a la leche (80% de los asiáticos, 70% de los afro-americanos, 60% de los mediterráneos, y 50% de los latinos).

La industrialización de la leche ha introducido problemas adicionales en éste, el alimento más difícil de digerir que bebe el ser humano. Con la pasteurización se destruyen las enzimas que trae la leche consigo para su digestión, dejando al ser humano sin herramientas para su procesamiento. Por otra parte, la homogeneización de la leche introduce otra variable en la ecuación.

Al homogeneizar la leche, la enzima xanthine oxidasa se aglutina formando una cápsula de grasa que le permite a la molécula pasar directamente al torrente sanguíneo. Al llegar esta poderosa enzima al corazón y las arterias, es capaz de dañar la membrana celular creando una grieta. Para reparar esta grieta, el organismo emplea colesterol a modo de empaste, el cual gradualmente va bloqueando las arterias.

Este fenómeno lo observaron por primera vez médicos coreanos durante la guerra de Corea, cuando al efectuar autopsias en soldados americanos de muy corta edad, se impactaron al descubrir depósitos y deterioro en sus arterias, una condición que se creía exclusiva de gente mayor. Más recientemente, investigadores han descubierto depósitos de grasa en las arterias de niños de hasta tres años de edad.

Dada la cantidad de problemas relacionados con el consumo de lácteos, me gustaría invitar al consumo de “leches” de otra fuente, como son las leches de arroz, almendras, o soja. Pruébelo y se dará cuenta que realmente el hombre es un animal de costumbre. A continuación les ofrezco una receta que les permitirá darse este gusto.

Leche de almendras

1 taza almendras (con o sin concha)

4 tazas de agua

Miel o jarabe de stevia (o azúcar)

Deje remojando las almendras de un día para otro (que el agua las cubra). Deseche el agua, y licúe las almendras escurridas con el agua. Cuele la mezcla con la ayuda de una manga para café y endulce al gusto. También puede agregar una pizca de canela si lo desea.



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