Mala suerte, buena suerte, quién sabe

Anthony de Mello, en su libro Sadhana, un camino de oración, narra la conocida historia china acerca del anciano labrador que tenía un viejo caballo para cultivar su campo, el cual escapó hacia las montañas. Los vecinos se acercaron a condolerse con él y lamentar su desgracia, y él les respondió: “Mala suerte, buena suerte, quién sabe”. Y así siguió el relato con una serie de aparentes desgracias que luego se iban convirtiendo de una en una en absolutamente benéficas para el labrador y su familia.

Podemos confirmar esto con hechos concretos en nuestra vida. Todos tenemos este tipo de experiencias donde todo parece negativo o contrario a nuestros planes. A veces, insistimos e insistimos en continuar por el mismo camino, aunque todo nos señala que deberíamos hacer un alto y redireccionar nuestros esfuerzos. Cuando pasa el tiempo, si estamos alertas y somos observadores curiosos, nos vamos a dar cuenta de que aquello NO era negativo, sino todo lo contrario. Nos abrió nuevas posibilidades que desembocaron en experiencias enriquecedoras.

Hace muchos años, y frente a una pérdida muy importante en mi vida, un amigo me preguntó qué hacía con mi tiempo durante ese período. Estaba preocupado por la dimensión de las nuevas circunstancias que tenía por vivir de allí en adelante. «Pensar —le dije—, me estoy tomando el tiempo para analizar mi vida. Estoy en un alto muy importante. Estoy teniendo un tiempo para mí». De ese período bisagra, de alto impacto, surgieron muchas posibilidades. Mi vida cambió su rumbo y emprendí el camino fortalecida. La actitud de apertura y aceptación dejó circular la energía, y fueron apareciendo soluciones, muchas veces de la mano de ángeles que luego desaparecían.

Para muchos, tuve mucha mala suerte. Para otros, tuve oportunidades.

Nuestra realidad, compuesta de nuestro mundo personal y del que compartimos con tanta gente, también está sujeta a estas leyes. Lo que parece una tragedia, tiene la semilla del cambio, la humana creatividad inagotable hace la diferencia. Nuestra actitud frente a esto es aceptar lo que aparece, no ofrecer resistencia —que no es entregarse y sumergirse en la depresión, la rabia, o la protesta— y estar abierto, expectante, despierto y dispuesto a ofrecer y aportar lo mejor de que disponemos. Malo, bueno, ¿quién sabe?

Acá, un corto sobre la historia china.



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