Malos tiempos para ser orgánico

No ha sido fácil, pero los pepinos ya pueden respirar tranquilos. Desde que el 2 de mayo se desencadenó un brote de E. coli en Alemania, los pepinos españoles estuvieron en la mira, pero a estas alturas es casi un hecho que la culpa es de la soja. De los germinados de soja, concretamente.

35 muertes después, los alemanes encontraron el origen del E. coli en su propio suelo y, más allá de las consecuencias políticas, hay un largo debate que se calienta: ¿son los alimentos orgánicos más saludables que los de agricultura intensiva? La pregunta tiene muchísimas aristas y es tan variada como las regulaciones que en cada país rigen la producción orgánica, sin embargo lo que acaba de ocurrir en Europa, con más de 3.000 personas afectadas, es un duro golpe a los defensores de un mundo libre de químicos.

Según los científicos que investigan el caso, los germinados de soja responsables del brote provienen de una pequeña granja en la Baja Sajonia, regida desde hace años por principios de agricultura local. Sólo se usaban abonos naturales, nunca habían cultivado OMG (organismos genéticamente modificados) y no sometían su suelo a ningún tipo de enriquecimiento artificial.

Apoyar la producción orgánica está políticamente bien visto, pero luego de este episodio el diario berlinés Tagesspiegel puso el dedo en la llaga: “Dicen que lo orgánico es bueno, los químicos son malos (…) es una macabra ironía que los químicos estén salvando las vidas de quienes han sido puestos en peligro por la comida orgánica.”

Para no ampliar el debate más allá del caso concreto, la idea de que renunciar a los químicos hace que los alimentos sean más nutritivos y seguros es demasiado amplia como para aceptarla sin reservas. La soja es una de las claves para alimentar a una población en permanente crecimiento, de ahí que en Estados Unidos 93% de los cultivos de ese grano utilicen semillas genéticamente modificadas, con mayores resultados de cosecha. Alrededor del mundo, las proporciones son similares y parece claro que esta mutación concreta del E. coli no hubiera afectado una soja de origen industrial.

También tiene sentido preguntarse si un microorganismo tan voraz como este se pudo gestar lejos del mundo de los OMG. En efecto, hay varios precedentes que hacen dudar, pero aún es muy temprano para responder.

Grandes empresas de alimentación comienzan a frotarse las manos con una idea que muy pegadora: come soja científicamente producida y alimentos genéticamente modificados para cuidar tu salud. Sería revertir el mensaje difundido por los valedores de lo orgánico.

Pero hay matices, por supuesto. Que esta epidemia provenga de una pequeña granja local no significa que todo lo químico sea mejor. Hay varios ejemplos que señalan lo contrario, muchos tapados por el lobby que ejercen compañías como Monsanto, líder mundial en el sector de OMG. En ningún caso se ha comprobado que haya diferencias sustanciales entre los valores nutritivos de uno y otro, ni hay otra epidemia reciente de esta magnitud originada en condiciones similares.

Elegir un producto orgánico no siempre obedece a razones de salud, también puede ser un voto a favor de los pequeños productores, los alimentos locales y el comercio justo. En Inspirulina continuará el debate.

 



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