Maltrato ¿por historia o por costumbre?

«Es que él me da muchas cosas buenas», «yo sé que no me quiere hacer daño», «es que cuando toma se pone agresivo, pero tienes que ver lo dulce que es sobrio». Y así hemos vivido o escuchado a miles y miles de mujeres excusar a sus parejas maltratadoras, sin contar con las que se hacen las ciegas ante los engaños y las amantes.

El impulso inicial casi siempre es al juicio, a recriminarlas y pensar «tiene que gustarles porque si no, no estarían allí». Pocos saben ponerse en los zapatos de una mujer que probablemente tuvo un padre agresivo –si es que estuvo presente– y que su infancia transcurrió en un hogar violento, es decir, la historia detrás del maltrato viene incluso de generaciones y generaciones.

En un momento dado, el dolor llega a ser tan grande que su mujerabilidad despierta, a veces poco a poco y otras de sopetón, pero comienza a reaccionar.

En los últimos años he conocido gran cantidad de señoras que en la tercera edad decidieron cambiar y dejar al esposo de hasta más de 20 años, «porque quiero vivir mis últimos años feliz». Les costó dos décadas contar con las fuerzas y tomar la decisión, aunque hacía ya tiempo que no soportaban aquello.

Unas por los hijos, otras porque no querían perder su estabilidad económica y otras por simple costumbre, pero siempre hay razones que no podemos comprender porque no estamos en sus zapatos. Ese tipo de hombres, por lo general, les dan cosas buenas, que pueden ir desde dinero, viajes y estabilidad, hasta posición social, reconocimiento y atención a los hijos.

Juzgar es muy fácil, porque ver lo que el otro hace en su propio perjuicio es algo para lo que parece nos hubiera entrenado la sociedad, pero observarnos a nosotros mismos, comprendernos desde el dolor profundo y asumir que las cosas no nos pasan, sino que las permitimos o las promovemos, no es tarea fácil. Eso requiere de evolución, de conciencia individual y una visión de nuestro entorno que nos permita poner cada cosa en su lugar para asumir nuestros errores, comprender los del otro y construir algo diferente, con o sin él.

Y luego de esta reflexión que tengo mucho tiempo haciendo, me pregunto: ¿Será que Venezuela es una mujer maltratada?



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