Mamá, ¿estamos en guerra?

Como padres en muchas ocasiones nos enfrentamos con la difícil tarea de explicar a un niño por qué suceden desgracias en las que mueren miles de personas. Y si se trata de sucesos incomprensibles e ilógicos para nosotros, que somos adultos, imaginen lo que pueda pasar por esa cabecita en los más pequeños, todos los temores y la gran cantidad de preguntas.

Con todo lo que estamos viviendo hoy en día, la situación de Venezuela, el conflicto en Croacia y en el Medio Oriente, Fabio muy preocupado me preguntó si el mundo entero estaba bajo guerra.

A diario miles de personas resultan muertas o heridas a causa de un conflicto y más de la mitad de ellas son niños. Según el Fondo Mundial de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), en la última década han muerto dos millones de niños; 6 millones se han quedado sin hogar; 12 millones han resultado heridos o discapacitados y hay por lo menos unos 300.000 niños soldados que participan en 30 conflictos en distintas partes del mundo**Tomado del magazine de Red Cross Intl.

Mi hijo está preocupado y temeroso sobre las noticias que ve y oye. Al explicarle un poco los conflictos entre países y tratando de usar palabras y conceptos que el pudiera entender, sin tratar de abrumarlo, le aclaré que estamos a salvo donde vivimos, sin embargo me preguntó de nuevo ¿es la paz posible?

…¿Qué le respondes a tu hijo, de 10 años, cuando te formula algo así? ¿Cómo le explicas que la guerra es un mal inevitable que constantemente afecta a la humanidad?

Por más que quiera cercarlo en una casa de cristal y que todo lo que viva sea hermoso, es casi que imposible, si bien puedo filtrar información, no puedo dejar de pasar por alto lo que vivimos día a día. Simplemente hay que seguir orientándolo por el camino lleno de amor, principios, de lealtad, de moral, de amistad, de diálogo, y por que no, de paz. Es espantoso observar en las noticias tanto odio, rencor, impunidad y locura humana…

Según Carlos Armas Parra, psicólogo y padre de familia, las realidades económicas, las crisis mundiales, guerras o atentados no deberían ser de fácil acceso a los niños, «en vez de darles información para aprender, les estamos colocando reflexiones que no están acorde a su proceso de vida natural. No se trata de mentirles sobre realidades locales o nacionales, pero tampoco arrebatarle su inocencia con un tema que ni los adultos podemos resolver o cambiar, explicaciones sencillas acompañadas de reflexiones les permiten entender y asociar realidades, pero someterlos a nuestra experiencia no cambiará la situación, los niños no podrán resolver nuestra demanda de algo.para tratar de razonar a un niño un hecho de similares características es fundamental adaptarse a la circunstancia personal de cada uno.»

Armas considera que la información que manejamos con nuestros hijos es de nuestra exclusiva responsabilidad, «los niños procesan muy bien la información que le suministramos y no debemos dudar de eso en un solo instante, por eso es vital y saludable para la vida del menor que los temas tratados sean de su interés, edad y entendimiento».

Para Carlos Armas, hay que dar explicaciones, pero no más que las demandadas, pues los datos extra no tienen valor educativo, ni cumplen los objetivos de mejora personal, sino que simplemente alarman al menor, que no entiende lo sucedido ni vislumbra soluciones. En su opinión, «No basta con afirmar cosas como que: “mi hijo es muy inteligente y él entiende”. Entienda Ud. que el que no entiende es Ud. que no se da cuenta que el niño si entiende, pero hay informaciones que no son para él, para su edad ni para su desarrollo emotivo o psicológico». 

Si bien es cierto que no podemos ocultar determinada información, como adultos es nuestro deber saber canalizarla. Estoy totalmente de acuerdo con el Lic. Armas en que tenemos que ser más responsables con lo que vemos y hablamos en casa por la seguridad y estabilidad emocional de nuestros hijos. Y nunca tener miedo de decir que no siempre tenemos todas las respuestas. Las guerras son muy complicadas y suceden muchas cosas que ni siquiera nosotros, los adultos podemos comprender.



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