Mamá: no solo lloro por hambre

Imagina que estás en una burbuja de la perfección, de pronto te sacan a una habitación fría y te aspiran la nariz, te bañan, te pasan de una mano a otra y un rato después vas a los brazos de la única persona que conoces.

Ella está adolorida y angustiada, no sabe cómo cargarte, cómo darte de comer y empieza a hacer sus mejores intentos, pero tal vez no está ducha, al tiempo que la gente de su entorno le llena la cabeza de ideas sobre su incapacidad para alimentarte.

Mientras, debes aprender a succionar y a esforzarte para obtener comida, cuando antes sólo debías flotar en tu burbuja. ¡Por fin logras saciar el hambre y zuas!, te mandan para una cunita, porque se supone que allí debes estar, sin pensar en que antes escuchabas los latidos del corazón de tu mamá, su sangre fluir, su voz, su respiración.

Por si fuera poco ahora te ensucias o mojas a cada rato, lo que implica que te estén quitando y poniendo ropa, echándote un líquido para que sane tu ombligo, viene gente a cada rato que quiere cargarte, pero tú lo único que quieres es estar en tu lugar perfecto de agua, de comida las 24 horas, de temperatura perfecta.

Si los bebés pudieran hablar estoy segura de que dirían: mamá, no solo lloro por hambre, lo hago porque no sé comunicarte de otra manera; que si esto es duro para ti, para mí también lo es. Dirían te entiendo mamá, sé que me despierto mucho, pero es que aún no me acostumbro a todas las cosas nuevas que me tocan vivir.

Paciencia y amor, mamis. Los bebés no sólo lloran por hambre.



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