Mantenga encendida la fuerza interior

Estamos acostumbrados a buscar fortaleza “afuera”, en el reconocimiento, las conquistas, los logros. Pero cuando enfrentamos estancamiento, reveses o dificultades, no tenemos muchas de estas cosas de donde apoyarnos. En esos momentos corremos el riesgo de ver afectado nuestro empowerment. ¿Qué es el empowerment? ¿Podemos mantenerlo aun en la adversidad? ¿Cómo mantenerlo?

Es un estado psicológico que nos proporciona la creencia y el sentimiento de que podemos lograr nuestras metas y superar los obstáculos mediante una conducta auto dirigida que nos permita un ajuste a nuestro entorno, a la vez que logramos satisfacer nuestras necesidades como ser integral. Es clave para tener salud, emprender proyectos, encarar positivamente los reveses, enfrentar con buena actitud las dificultades, lograr bienestar subjetivo, logrando prosperar y florecer.

Cada vez que cambian las condiciones externas y se presentan nuevos desafíos, condiciones o reglas de juego, debemos volver a asegurarnos de tenerlo. Cuando lo tienes, es como si “la Fuerza está contigo”. Si no, eres vulnerable de pasar al “Lado Oscuro”. No tenerlo implica desesperanza e impotencia. Eso puede llevar a las personas a entristecerse y retraerse. O si están en posiciones de poder, a actuar en forma resentida y cruel, dados a la tiranía y al abuso de otros.

El hecho de no obtener los resultados que esperamos no debe hacer que nos dejemos doblegar por las circunstancias. Si por ello dejamos disminuir nuestro empowerment, disminuirá nuestra capacidad para persistir, aprender e innovar, afectando nuestra salud física y psicológica.

Es necesario comprender en que se basa para poder mantenerlo o recuperarlo si lo hemos perdido. Según las investigaciones se fundamenta en cuatro pilares fundamentales: 1) sentirse competente, 2) actuar con autonomía, 3) sentido de control y 4) significado. Vamos a ver a continuación qué es cada uno de estos pilares y cómo podemos desarrollarlos.

Sentirse competente implica que creemos y sentimos que tenemos los conocimientos y habilidades necesarios para enfrentar y superar situaciones. No sólo en temas técnicos. También en cuanto a manejo de sí mismo, de relaciones, de situaciones y gente difícil y de diferencias. Para tener este sentimiento hay que efectivamente poseer la competencia y usarla con confianza.

Para garantizar este pilar es importante continuamente identificar qué mejorar. Cada situación nueva sacará a la luz lo que debemos trabajar en nosotros. Para identificar estas áreas, es útil ver nuestros fallos, fracasos y desaciertos, y preguntarnos: ¿qué me enseña esta situación que necesito desarrollar? Una vez puesto esto a la luz, es más fácil avanzar, manteniendo con disciplina un esfuerzo voluntario hasta la internalización de esta nueva forma de comportamiento.

Actuar con autonomía consiste en ser dueños de nuestra forma de responder. Al enfrentarnos a situaciones adversas que activan nuestro estrés, podemos sucumbir a impulsos internos desarticulados de nuestra conciencia que nos colocan a merced de fuerzas externas. O puede que echemos la culpa a otros de nuestras desgracias y busquemos hacer justicia. En ambos casos estamos actuando reactivamente, perdiendo el ejercicio de nuestra libertad.

Para mantener nuestra autonomía es clave cultivar la quietud interna, porque a partir de allí es que podemos actuar de manera alineada con lo que somos. No dejarnos llevar por el resentimiento, la tristeza o el miedo. Cultivar la aceptación de lo que está fuera de nuestro control inmediato. Desarrollar la fe en que el camino se hace al andar. La serenidad, la templanza y el coraje nos van a permitir asumir la situación y desde allí hacer ejercicio de nuestra libertad. Esta es una actitud muy difícil de mantener en situaciones que nos parecen injustas o cuando estamos privados de libertades. Pero aunque no controlamos parte de lo que nos toca vivir, somos siempre dueños de la forma de responder ante todas esas situaciones. Esto exige tener la capacidad de auto regular nuestras emociones y de no precipitarnos y tolerar la incertidumbre.

Sentido de control implica la creencia de que nuestras acciones van a producir un impacto, que vamos a hacer una diferencia, que podemos incidir sobre lo que sucede, sobre los resultados que obtenemos en el entorno. Lo contrario sería rendirse, pensar que hagamos lo que hagamos no va a servir de mucho.

Para recuperar nuestra capacidad de tener impacto no hay que quedarse presa de la parálisis y la inacción, hay que actuar, tener emprendimientos, buscar nuevas opciones, probar posibilidades. Por supuesto, no se trata de actuar impulsivamente, sino basados en el discernimiento.

Significado implica apalancarnos en una visión que nos de sentido, que nos inspire, que nos haga sentir dignos, sentir que estamos buscando algo que es valioso. No es igual realizar una acción vista sólo en su dimensión transaccional inmediata, que enmarcarla dentro de una perspectiva que le dé significado y propósito. Al hacer esta conexión obtenemos energía de ella, aumentando nuestra fortaleza para perseverar y corregir tantas veces como sea necesario.

Si nos sentimos vacíos o sin energía al hacer algo que nos parece aburrido o repetitivo, es importante reconectar con nuestros objetivos y propósitos originales, así como con la función o servicio que representa en la colectividad. Podemos recordar cómo nos sentimos la primera vez que lo hicimos. También puede ser útil preguntarnos para qué hacemos lo que hacemos. También es útil pensar en qué necesidades de los demás podemos llenar con lo que hacemos.

Nota: En Empowerment: un remedio para el resentimiento puedes encontrar mayor ampliación sobre este tema.



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