Más sabe el diablo por viejo

Mirar hacia atrás es conseguirnos con una verdad ineludible: Nuestros ancestros sí sabían vivir mejor. Seguramente muchos leerán esta premisa y dirán que estamos locos, pero piénsenlo bien, ellos no necesitaban de muchos artificios para disfrutar de la buena vida.

Ellos optaban por lo natural, sin complicaciones. Nuestras abuelas son las que nos dan los mejores consejos de cocina, aprendieron a darle sabor a las comidas con hierbas naturales, no usaban productos y su sazón siempre es exquisita.

Igualmente ellas tienen los secretos de belleza más prácticos, sencillos y naturales. Pepino en los ojos para las ojeras, jugo de zanahoria y naranja para un buen bronceado y si te insolas nada mejor que las conchas de papa sobre el cuerpo para mitigar el ardor.

Nuestros abuelos endulzaban el cafecito de la mañana con el azúcar de la remolacha, el azúcar de caña o con la excelente hojita de stevia que además de darle un sabor único no causaba ningún daño en su organismo. Esos tiempos pasaron y lo artificial fue ganando terreno, facilitándonos las cosas, apoderándose de muchos aspectos de nuestra cotidianidad, lo bueno es que podemos detenerlo. No podemos dejar que la artificialidad continúe, sigamos los consejos de nuestros ancestros. Aprendamos a llevar una vida sencilla, una vida naturalmente dulce. 



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