Más que una rosa

Es casi una ley que cuando comenzamos un idilio amoroso, todo es color fresa, flotamos en las nubes y hasta parece que estamos viviendo una película súper romántica con castillo y todo. Lo que casi nunca nos advierten es que si nos trabajamos en nosotros primero, cuidamos los detalles y las muestras de cariño, el día menos pensando ¡zas¡ aparece la malvada bruja a cambiarnos el cuento.

Y es que para construir una relación de pareja sana y nutritiva, hace falta más que una rosa en los aniversarios o  san Valentín, se trata de un trabajo diario, consciente, donde en lugar de ir a la frutería a ver cual media naranja es la que pega conmigo, debe iniciarse primero cultivando el amor propio, entendiendo que somos una naranja completa, con nuestros días dulces y otros un poco más amargos y que al conectar con otra persona en plan de pareja, lo hacemos con la intención de acompañar y crecer, para rumbearnos juntos la fiesta de la vida, por elección y no por necesidad .

Hace rato nos vendieron la idea de que necesitamos compañía sentimental para ser feliz, que siempre nos falta algo, y que cuando estamos frente  a ese alguien especial, viene con una varita mágica  incorporada que resuelve todos nuestros rollos. Por cierto, nada más lejos de la realidad, porque cada persona trae a la relación quien es, con sus aciertos, sus manías, ideas, costumbres, en fin, su mundo, que unido al nuestro  se convierte en una especie de montaña rusa con sus altos y bajos, y  la idea es convertirla es una de las experiencias más gratificantes de la vida y no que en el vagón que vamos deseamos que pare para poder bajar.

¿Entonces qué hacer? podríamos partir por entender que cada uno de nosotros tiene un proceso de vida diferente y que somos los únicos responsables de él. Que sólo al invertir tiempo y energía en autoconocernos, encontraremos la llave que abre la puerta al crecimiento personal y la autoestima, ingredientes esenciales para la plenitud de nuestro ser. Que si bien es saludable y divertido compartir en pareja, cada uno debe también experimentar su individualidad, respetando los espacios, que nos hacen ser quien somos.

Que si elegimos conscientemente compartir momentos con otra persona es porque nos encanta, y no a causa de la presión social de quedarnos solos y vacios. Que además se requiere una considerable cuota de nuestro tiempo, atención  y amor honesto para hacer crecer la relación y expandirla, porque el enamoramiento no es sólo para el inicio, cuando las mariposas nos revolotean, sino que debe continuar cada día con pequeños  actos de afecto, palabras de halago y muestras de apoyo, que digan sin necesidad de palabras “estoy aquí”

 

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El romance sin duda alguna va a transformarse  a lo largo del tiempo en algo más apacible, pero no por ello menos interesante, se trata de sustituir la adrenalina que nos acelera en los primeros momentos por la dopamina que nos enternece y acurruca. También habrá momentos difíciles donde queramos tirar la toalla, y es allí donde debemos hacer uso de toda nuestra tolerancia, paciencia y amor genuino para valorar todo lo que nos une a este ser. No dejemos que una pequeña nube gris, nuble el resto del paisaje, así que preparen palomitas porque la película romántica vuelve  a empezar.



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