Maternidad “lenta”

Sueño invertido, expectativas frustradas, calambres sorpresivos, propensión al llanto, incertidumbre como única certidumbre. Bienvenidas a la vida de mamá. 

Aunque suene como un hueco negro lo que acabo de describir, para nada mi tono sería de temor o angustia, sería de respeto ante el portal que se nos abre a través de estas experiencias “límite” que ponen a prueba nuestro corazón y nos hace expandir la vivencia de cuerpos y almas. Esto lo digo luego de haber vivido –y seguir encontrándomelos de frente- junto a los señores temor y angustia.

Sin embargo, una frase de mis profesores de la escuela de letras siempre me acompaña: “el miedo es un sentimiento ante lo sagrado”.

Recuerdos lejanos de juegos con coches y muñecos inertes pero siempre sonrientes, acuden sorpresivamente en los primeros días de maternidad. Y no pasa solo la primera vez, esos flashbacks retumban con el segundo y tercer hijo, y más allá… quizá con más insistencia incluso, para chocar con la vivencia que tenemos enfrente de un ser humano vivo, animoso e indomable.

He llamado al puerperio “una caverna”, y vale la pena admitir nuestro sentir y nuestra perplejidad, porque es allí cuando evidenciamos que estamos “haciendo alma”. Si una tarde se te escapa la pregunta aparentemente injusta: ¿por qué no me dijeron esto antes, en el curso prenatal por ejemplo?, bendiciones: tu espíritu te está dando el regalo de la furia.

Detrás de este reclamo, a veces suave, a veces más vehemente, está la mujer verdadera que ocupa su lugar en el mundo por primera vez. No se trata de que no lo hayas hecho antes, se trata de que ahora eres otra, la anterior, ya se fue.

Las emociones son múltiples, de un pequeño catálogo pasamos a una abismal galería que nos sumerge en el ser humano que nunca nos atrevimos a ser, o sospechábamos que éramos, por pudor, por miedo, o por condicionamiento. Ese es el verdadero don de la maternidad para la mujer misma: ofrecer la oportunidad de revelarse (develarse) como realmente es (ahora).

Es una empresa extra-ordinaria (aunque ciertamente no un sendero pavimentado), cuando entendemos que las presiones externas relativas al tiempo, el deber ser, el prejuicio son desafíos del camino, que existen y nos ponen a prueba sobre cuál dirección tomar y sobre qué escuchar.

Busquemos las herramientas y las conexiones interiores y exteriores para transitarla, aceptando recaídas y dudas, porque la perfección está sobrevalorada. Por mi parte, me propongo vivir una maternidad-lenta*, pues el tiempo y la constancia son los únicos maestros que al final se han quedado a mi lado.

* Pueden encontrarse los términos slow life, slow family e incluso slow mom movement, relacionados con esta idea, investigaré y ampliaré en una próxima entrega.



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