Me estoy divorciando, pero tranquila, ¡yo puedo con todo!

Cuando estamos tristes, ansiosos y desmotivados, ¿cuál es nuestra reacción normal? Querer sentirnos bien nuevamente, llenos de vida, alegres y motivados, pero hay procesos en la vida de los cuales no resulta tan fácil salir, como por ejemplo, un divorcio (una situación nueva poco deseada).

Si te sientes mal, y tienes un dolor de barriga que no se te quita en días, ¿qué haces? Vas al médico y buscas solucionar tu problema… sin embargo, muchas personas cuando están lidiando con el malestar emocional o malestar del corazón, hacen poco al respecto, porque hay una tendencia a pensar: «ya se me pasará y yo puedo con todo». En estos casos, la alternativa de la ayuda profesional no se ve como una opción y solo se apoyan en familiares y amigos, pero este apoyo (si bien es excelente y muy necesario), en ocasiones no es suficiente.

Recientemente, hice algunas averiguaciones y me llamó la atención que un porcentaje medianamente alto de personas, al pasar por épocas de crisis, no buscan ningún tipo de ayuda. Por eso, decidí hacerle la siguiente pregunta a un grupo de personas que estaban pasando por separaciones muy dolorosas y divorcios: ¿que hubieran hecho distinto? Por lo general, listaban entre dos y tres cosas, pero aquella que todos tenían en común fue la siguiente: haber buscado algún tipo de ayuda.

Cuando hacían referencia a esta ayuda se referían a diversos tipos de soporte: un asesor financiero, otro abogado distinto a su tío (por ejemplo), un psicólogo, un coach, un psiquiatra, un curso, un círculo de apoyo, en fin, un experto que los hubiera apoyado y guiado en ese proceso.

Al preguntarles: ¿por qué no buscaron apoyo en ese momento? sus respuestas se agruparon en los siguientes renglones:

  1. Pensar que podían con todo y que tenían la situación bajo control (mujer maravilla o supermán), pero luego se dieron cuenta de que eso no fue así y al ver hacia atrás, observaron los errores que cometieron, que pudieron haberlos evitado y que hubiera sido mejor haber contado con la asesoría adecuada.
  2. Pensar que la ayuda externa es demasiado costosa y de antemano pensaron que no lo podían cubrir, y automáticamente pusieron una pared, una barrera a esta alternativa. Finalmente, el no tener esa asesoría o ese apoyo les resultó más costoso en muchos aspectos… tanto en el emocional como en el económico.
  3. La última es la famosa excusa de la falta de tiempo, estaban muy ocupados y sentían que no tenían tiempo para asesorías o consultas.

Y de todo esto, me parece relevante expresar mis conclusiones:

  • En procesos de divorcio o cualquier etapa de crisis, la mente está muy agobiada y agotada por tantas decisiones que debe tomar, por ende, algunas de estas, pueden llegar a ser las menos acertadas al no tener el apoyo adecuado.
  • Un experto es alguien que estudió e investigó estos procesos y cuenta con recomendaciones, técnicas y herramientas que te harán el proceso un poco más fácil (el camino tendrás que recorrerlo igual, pero en vez de tomar el más complicado, el de la montaña con curvas peligrosas, el experto te guiará por un atajo que es más fácil y menos complicado).
  • Es imposible no cometer errores, el experto que te acompañe en el proceso te ayudará a darte cuenta de estos posibles errores y de cómo manejarlos mejor.

Y por último, deseo destacar lo importante que es invertir en uno mismo, sobre todo en esa inversión para el alma y para el buen sentir que es tan necesaria. Lo material es primordial, también cuidar de nuestra alimentación, nuestra figura, darnos el gusto de unos zapatos nuevos de vez en cuando, de comprar ese vestido bello que te pica el ojo desde la vitrina, pero no se pueden descuidar las necesidades internas que en épocas de crisis, muchas veces no sabemos cómo manejar.



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