¿Me opero o no la columna?

¿Me opero o no la columna?

He allí el dilema…

Luego de más de veinte años entregado a una carrera como surfista profesional, tras grandes satisfacciones, experiencias inolvidables, derrotas y victorias, jamás pasó por mi mente el sufrir una lesión grave en la columna vertebral, con las consecuencias que resultan de no tratarla a tiempo y la posibilidad de convertirse en una lesión de alto riesgo. Así, llegué a la encrucijada de tomar una decisión nada fácil: ¿me opero o no me opero la columna?

La posibilidad de sufrir alguna lesión en el eje principal del cuerpo es mayor de lo que nos imaginamos. Y cuando nos ocurre, si bien uno sabe que algo no está bien con la espalda, frecuentemente pasamos años “guapeando”, pero llega un punto cuando el dolor va más allá del umbral de tolerancia. La mayoría no queremos enfrentar la dura realidad y tomamos el camino de la evasión para evitar el temido cuchillo. ¿Las razones? Una multitud de temores sembrados por comentarios y malas experiencias de otros, además del miedo natural por lo delicado de la intervención quirúrgica en la cual se corre el riesgo de quedar discapacitado de por vida.

Luego de un año de salir del quirófano tras una cirugía de seis horas para liberar raíces nerviosas, descomprimir mi columna y corregir una espondilolistesis grado 2 en las vértebras L4-L5 y L5-S1 con implantación de prótesis de titanium e injerto óseo postrero lateral, puedo sugerir siete recomendaciones básicas:

Primero: busca asesoría y escucha el diagnóstico de los mejores médicos especialistas. Bajo ningún motivo trates de ahorrar tiempo y dinero, especialmente cuando tu columna está en juego.

Segundo: fortalece previamente los músculos y tendones del área periférica de la zona a ser intervenida para poder estar en la mejor condición posible antes de la operación.

Tercero: asegúrate de que los implantes que te vayan a colocar sean de la mejor calidad, para minimizar riesgos innecesarios y garantizar la mayor durabilidad.

Cuarto: no cometas locuras y cumple al pie de la letra el reposo determinado por los doctores. De ser posible, agrégale un par de meses al período de recuperación recomendado para asegurarte de que tu cuerpo se recupere al máximo.

Quinto: consigue apoyo profesional calificado en materia de rehabilitación deportiva, que entienda tus necesidades a mediano y largo plazo. Como deportista no basta sentirse bien y poder caminar, sino también volver a la acción y continuar practicando tu deporte favorito, por lo que debes asumir que hay que dar una cuota extra de sacrificio para lograrlo. ¡No pain no gain!

Sexto: disciplina en un 200%. Conviértete en un soldado raso que cumpla las indicaciones con exactitud, sin perder de vista tu foco principal de fortalecer tu cuerpo, lo que además te dará la tranquilidad de saber que hiciste todo lo que estuvo en tus manos para recuperarte. Recuerda asimismo que, de por vida, deberás hacer ejercicios de fortalecimiento y estiramiento para evitar futuras lesiones.

Séptimo: mantén una actitud positiva ante cada circunstancia. El factor resiliencia jugará un papel determinante antes, durante y posterior al proceso operatorio.

No dejes que los cuentos de camino afecten tu decisión cuando está en juego tu calidad de vida.

Una lesión en la columna no tratada a tiempo puede afectar tu desempeño, pudiéndose convertir en una discapacidad parcial o total. ¡Go for it!

Foto: Víctor López @viltorinox



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